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Capítulo extraido de :
  cabanuel.webcindario.com

 

El agua, un liquido singular

Capítulo III del libro
APLICACIONES DE LA ASTROLOGÍA A LA TERAPIA FLORAL DE BACH
por José Luis Pascual Blázquez
cabanuel[en]gmail.com

Extraído de cabanuel.webcindario.com

- El carácter filosófico en el agua. Aguas vivas y aguas muertas.
- Tipos de agua según la Química.
- El agua como sustancia excepcional en la naturaleza.
- El ascenso del agua en los vegetales.
- Procedimientos de dinamización del agua.
- Discriminando aguas vivas de aguas muertas con testigos biológicos. El agua como soporte de influjos cósmicos.
- El agua, reveladora de las fuerzas vitales: las cristalizaciones sensibles.

 

El carácter filosófico en el agua. Aguas vivas y aguas muertas

Con este término se designaba siglos atrás cierta virtud comunicada al agua, y también a otras sustancias, por medio de la cual ésta adquiría cualidades curativas o especiales. Algo tendrá el agua cuando la bendicen, reza el refrán castellano, y en efecto así es. Adentrémonos un poco en el tema.
El agua y la luz constituyen dos elementos físicos y simbólicos ampliamente utilizados en las religiones (aguas y luz de vida, tanto en sentido real como figurado). El agua y el fuego son también elementos repetidos en los ritos religiosos y en el folclore. El agua constituye el soporte físico y químico de la vida, y ha ocupado de siempre un lugar privilegiado en las ceremonias religiosas de toda época y lugar. Baste recordar las antiguas lustraciones paganas, las inmersiones de los indos en el Ganges o los ritos cristianos del bautismo, donde se habla de las aguas de la vida eterna. En un terreno algo más profano tenemos la devoción a cientos y cientos de vírgenes milagreras en toda la cristiandad, donde en medio de un fervor religioso mitad cristiano, mitad pagano, se reparte el agua cargada de virtudes en esas romerías donde tampoco faltan los componentes histéricos, legendarios y místicos. Los romeros beben el agua en las fuentes de las ermitas, se la llevan a casa o se sumergen en ella, como ocurre en Lourdes...

El agua pura y simple ha sido utilizada por toda España hasta hace no mucho tiempo para luchar contra las plagas del campo. Hacia el siglo XIV ya era famosa en Navarra y tierras próximas el agua pasada por la cabeza de San Gregorio, que antes de ser papa fue obispo de Ostia; con este agua se rociaban los campos para combatir plagas e insectos. La imagen de Sorlada adquirió fama universal como insecticida, y a por este agua, que se guardaba en tinajas dentro de la misma iglesia local, acudían emisarios de diversos concejos de Castilla, Aragón, Álava y Vizcaya.

Por el agua pasada por la cabeza de San Gregorio se pagaba en cera o dinero, y ésta se entregaba con un certificado acreditativo de garantía. A partir del siglo XVII la cabeza se hizo viajera, llegando hasta Andalucía y Extremadura para conceder sus dones en la gira que llevó a cabo en 1756-57, a petición de Fernando VI y costeada por la Real Hacienda. Con el dinero recaudado durante algunos de estos viajes se pudo edificar la magnífica fachada de la iglesia que San Gregorio tiene dedicada en Sorlada (Navarra), la cual puede aún admirarse en todo su esplendor.

Para la obtención de las esencias de Bach hemos visto que debe utilizarse un agua lo más viva posible, de manantial o arroyo no contaminado, cosa cada vez más difícil de lograr. Haríamos mejor diciendo "lo menos contaminado posible", pues no es algo que carezca de importancia; el carácter filosófico en la naturaleza resulta cada vez menor debido a la creciente y generalizada polución. Además, durante la operación, quienes la llevan a cabo no deben tocar las plantas con las manos, ni tampoco el agua; se trata de transferir a ésta última la virtud esencial, el arquetipo de la especie vegetal empleada en toda su pureza. Por supuesto, durante la elaboración de las disoluciones-madre, como en la toma de las esencias de Bach, se halla totalmente contraindicado el empleo de aguas de conducción (aguas municipales). Están esterilizadas con compuestos de cloro y manganeso, y acondicionadas para enmascarar a la vista otras sales y componentes que, en mayor o menor cantidad, llevan disueltas (carbonatos, cloruros, sulfatos, etc.). Son aguas muertas, han perdido el "carácter filosófico".

Lo mismo sucede con los remedios homeopáticos; el agua empleada en esta farmacopea tiene que pasar unos controles de calidad rigurosos, pues cualquier sustancia extraña que contenga, por diluida que se halle, puede interferir la eficacia terapéutica del remedio dinamizado. Para la administración de los remedios en forma de solución acuosa
...Basta enteramente usar agua de fuente o de río, bien filtrada; para las operaciones químicas, el agua de lluvia que no sea de nublado, es conveniente en todo caso; mas para la preparación de las atenuaciones, es preciso absolutamente el agua más pura que pueda obtenerse(1).

Lo interesante de esta observación es que vuelve a indicar lo adecuado de las aguas vivas como medio de administración de los remedios homeopáticos, al igual que en el caso de las esencias de Bach. La edición original de este texto data de 1841; entonces sólo había que tener en cuenta que durante las tormentas se generan en el aire, debido a los rayos, óxidos de nitrógeno, que al hidratarse pueden llegar hasta ácido nítrico o nitratos. Hoy en día, el análisis de las primeras fracciones de lluvia caídas durante un chubasco revelan todo tipo de sustancias contaminantes y unos valores bastante altos de radiactividad.
Durante la elaboración artesanal de los remedios homeopáticos, debe evitarse igualmente el contacto de la masa manipulada con las manos del operador. Para ello -hoy estos procesos se hallan mecanizados y automatizados- Jahr añade detalles interesantes; el almirez donde se tritura la sustancia medicamentosa mezclada con lactosa debe ser de porcelana no vitrificada, nunca de metal. Incluso el vidrio está contraindicado, ya que durante la molienda puede desprenderse sodio. Lo mismo pasa con las espátulas para limpiar la mano y el mortero; totalmente inadecuadas las de metal, se recomiendan de hueso o asta.
Esto recuerda la técnica tradicional de elaboración de las olivas de verdeo en el área mediterránea española; se utiliza en ella el agua de lluvia, o en su defecto de manantial. El agua de lluvia se recoge en los aljibes que por lo general disponen las construcciones a lo largo de los secanos de esa zona. Si la cantidad de sal es la correcta, la conserva está garantizada. La gente desconfía por lo general de las aguas municipales; sólo se emplean vasijas de loza o vidrio, y los instrumentos de hierro también están enteramente prohibidos, sólo deben utilizarse cucharas de madera. Tal es la costumbre, así como la creencia de que el contacto con el hierro favorece que esta popular conserva se estropee.

Tipos de agua según la Química

Esta sustancia tan común tiene una serie de singularidades que no se repiten en los demás hidruros homólogos del grupo VIb de la Tabla Periódica de los Elementos, el grupo del oxígeno; tales singularidades le permiten ser la sustancia sin la cual, la vida, hoy por hoy, no es posible. Eso nos puede llevar a pensar que existe alguna afinidad entre las energías de la vida (energías biológicas) y la estructura molecular del agua.

El agua es medio de dispersión de un gran número de sustancias por su elevado poder disolvente; debido a la diferencia de electronegatividad entre los dos elementos que la forman, la molécula de agua tiene carácter polar, de modo que sobre el oxígeno recae una carga eléctrica parcial negativa, y positiva sobre los átomos de hidrógeno. Sabemos que los átomos de una molécula de agua forman un ángulo de enlace de unos 104°; debido a su polaridad se comprueba que el agua es capaz de interaccionar consigo misma a través de puentes de hidrógeno, agrupando las cargas positivas con las negativas (cargas eléctricas de signo opuesto se atraen). Si consideramos la estructura del agua en estado sólido, tal como se hace estudiándola por rayos X, observaremos que cada átomo de oxígeno se encuentra rodeado por otros cuatro átomos de hidrógeno, conformando una disposición tetraédrica. Por medio de rayos X no se detecta la posición de los hidrógenos, pero resulta lógico pensar que éstos deben estar situados entre cada dos átomos de oxígeno. O sea, alrededor del átomo de oxígeno se sitúan cuatro hidrógenos, dos de los cuales están unidos a él por enlaces covalentes normales, y los otros dos por interacciones correspondientes a puentes de hidrógeno; el hecho neto es que en el hielo nos encontramos con la existencia de cuatro átomos de hidrógeno en los vértices de un tetraedro.
Cuando aportamos energía, la primera acción que se produce es la ruptura de los enlaces de puentes de hidrógeno, por ser los más débiles, y el hielo se funde. Una vez destruidos, el carácter direccional que poseían se pierde; la gran macromolécula o molécula única que constituye el hielo, se desintegra. Es decir, en estado líquido la molécula de agua ya no posee carácter direccional.
Pero teniendo en cuenta la elevada diferencia de electronegatividad existente entre el hidrógeno y el oxígeno, a una molécula se le pueden aproximar otras semejantes, de tal modo que siempre interaccionarán la parte negativa de una (el oxígeno) con la parte positiva de otra (el hidrógeno), aunque no en la forma limitada por la estructura rígida del hielo. Por tanto, el número de moléculas que se podrán aproximar a una dada es mucho mayor, razón por la cual, una vez fundido el hielo, hasta una temperatura de 4°C aumenta la densidad del agua, pues al ser mayor el número de moléculas que rodea a cada una, el efecto neto resulta una contracción de volumen, y por tanto un aumento de la densidad. Esta resulta máxima a 4°C; cuando se sobrepasa tal temperatura, la aportación térmica es suficiente como para dejar más libres las moléculas, disminuyendo nuevamente la densidad. También en esto el agua constituye una sustancia excepcional, pues la mayoría de las sustancias se contraen al enfriarse; en cambio, el agua, por debajo de 4°C, se dilata. Por eso el hielo flota sobre el agua, y con fríos intensos, las conducciones de agua pueden estallar.
Por otro lado, el agua posee una constante dieléctrica elevada, de 81,1 a 18°C, lo cual, unido a su carácter polar, hacen de tal líquido uno de los disolventes más utilizados, pues es capaz de disgregar las redes cristalinas de las sustancias iónicas con facilidad. Además, estabiliza los iones disueltos por solvatación, fenómeno en el cual se desprende energía en forma de calor (la sosa cáustica, NaOH, calienta el agua al disolverse en ella, por ejemplo).
Los químicos distinguen varios tipos de agua en los compuestos, aunque no se pueden establecer diferencias formales entre ellos. Nuestra molécula se forma por apareamiento de dos electrones solitarios del oxígeno con los otros dos procedentes de los correspondientes átomos de hidrógeno. Pero además de esto, al átomo de oxígeno le quedan dos orbitales libres en los que se alojan un par de electrones cada uno. Cabe la posibilidad de que estos pares electrónicos sean cedidos a orbitales vacíos de otros átomos, produciendo así enlaces covalentes coordinados con cationes metálicos, por ejemplo. Este hecho es conocido desde hace muchos años; por ejemplo, en la molécula de CuSO4.5H2O cuatro de las cinco moléculas del hidrato forman enlaces de este tipo con el átomo de cobre (indicados en la figura mediante flechas), recibiendo el nombre de agua de coordinación.

Existe otro tipo de agua, llamada agua de solvatación, que suele encontrarse en hidratos de número impar de moléculas de agua, donde hallamos un H2O haciendo de puente entre el catión y el anión. Además de CuSO4.5H2O hay agua de solvatación, por ejemplo, en NiSO4.7H2O y FeSO4.7H2O.

Además de agua de solvatación y coordinación, pueden darse otros casos en los que esta sustancia, pese a que el compuesto cristalice con algunas moléculas de ella, no se encuentra unida abiertamente al anión, ni tampoco interacciona con el catión; este tipo de agua la llaman los químicos agua reticular y es la que se presenta, por ejemplo, en el BaCl2.2H2O y algunos heteropoliácidos. El agua reticular se presenta normalmente en sustancias que, si son sencillas, están caracterizadas por tener aniones y cationes muy grandes; tal agua hace de relleno en los huecos de la estructura cristalina. Estas moléculas no son particularmente atraídas por ninguno de los componentes, y en consecuencia, se pierden con facilidad.

Aún queda otro tipo de agua, el agua de constitución, que no se halla como tal en los compuestos, sino que, por ejemplo, se trata de sustancias en forma de láminas entre las que existen algunos grupos hidroxilo, OH-, próximos. Por calentamiento pueden dar lugar a desprendimiento de agua, pero, como se deduce, no existe agua como tal en estos compuestos.
Estos son los diferentes tipos de agua que reconoce la Química Inorgánica, y aunque los distintos nombres que se le dan pueden estar justificados, los intentos de establecer diferencias entre unos y otros no han tenido éxito.


El agua como sustancia excepcional en la naturaleza.

El agua es un líquido único bajo muchos puntos de vista, y desde luego el soporte químico de la vida. La Química y la Física apenas encuentran diferencia entre un agua viva, recién salida del seno de la tierra, y el agua muerta y potabilizada de abastecimiento de las ciudades; resultan análogas en una analítica, lo cual no quiere decir que sean iguales. Su efecto biológico no es el mismo, como no es similar el efecto sobre las plantas de un chaparrón natural que el de un riego de la misma cantidad, aunque sea por aspersión. Este hecho es bien conocido por los agricultores, los cuales saben que resulta mucho más lento el efecto de un riego que el de el agua de lluvia; tras un buen chubasco de primavera o verano se observa un fuerte crecimiento de la masa vegetal, eclosión de flores y aceleración en la maduración de los frutos, cosa que no sucede del mismo modo después de un riego corriente.

El agua es una sustancia extraordinariamente sensible al medio ambiente y a sus variaciones. Cuando se dice que congela a 0°, hay que acotar las condiciones: depende de la velocidad de enfriamiento, forma de la vasija, etc. A presión atmosférica normal, el agua pura puede hallarse líquida hasta varios grados bajo cero. Cierto que es algo excepcional, se trata de uno de esos estados inestables; cuando en una de esas ocasiones se mantiene líquida y en reposo, durante el momento de la congelación, ésta se produce casi simultáneamente a lo largo de toda la masa, a diferencia del fenómeno normal, donde lo hace lentamente de arriba hacia abajo (por ejemplo en un estanque).
La extraordinaria sensibilidad del agua a los ambientes se pone de manifiesto en los cristales de nieve, siempre iguales y siempre diferentes, con sus seis radios y sus variadísimas estructuras tejidas en torno de ese esqueleto hexarradial. Sin lugar a dudas, esos cristales llevan impresos en ellos el diagrama de las estrellas, el impulso cósmico del momento en que se han formado.

La molécula de agua presenta un momento dipolar permanente, debido al hecho de que el centro de las cargas negativas y el de las positivas están separados; un campo eléctrico exterior orienta y aumenta este momento dipolar, es decir, en tales condiciones, el agua es capaz de polarizarse. Basta para comprobarlo frotar un bolígrafo de plástico y acercarlo al hilillo de agua de un grifo: la desviación del chorro de agua es notable.

La conductividad y la constante dieléctrica del agua, valores esenciales que la hacen tan característica, cambian en función de la polarización; la disminución o pérdida dieléctrica resulta particularmente importante cuando es debida a un campo alterno de alta frecuencia, ya que si el campo varía lo suficientemente rápido, los dipolos no pueden seguir los cambios de dirección del campo. Para ciertas bandas de frecuencia, aparece una ruptura de la interacción de fase entre el campo y la orientación dipolar, liberándose la energía eléctrica correspondiente en forma de calor. En la gama de los gigahercios la conductividad del agua aumenta hasta un campo inductor de 15 GHz aproximadamente. Las variaciones más fuertes de radiación ambiental se encuentran precisamente a lo largo de esta gama, en relación con la radiación de microondas procedente del Sol(2).

Los efectos biológicos de la radiación de microondas ambiental sobre el agua son objeto de más estudios cada día; los parámetros elegidos por los experimentadores son la polarización y la conductividad de las disoluciones biomoleculares, los valores del momento dipolar, la estructura de las proteínas y de los aminoácidos, así como las propiedades eléctricas de las membranas celulares y del citoplasma.

Las experiencias de laboratorio muestran con claridad que la conductividad de una columna cilíndrica de agua varía cuando una persona se aproxima a ella; en tales momentos, un voltímetro muy sensible, capaz de discriminar alteraciones del orden del microvoltio (10-6 voltios), constata un aumento de la diferencia de potencial entre los extremos de la columna, por consiguiente la conductividad del agua disminuye. Se interpreta que la radiación de microondas emitida por el organismo polariza las moléculas de agua hacia él mismo, dicho de otro modo, el aura humana tiene un poder real sobre el agua, una potencialidad física mensurable, tal como han venido afirmando a través de los siglos los magnetizadores...(3)

La progresiva sensibilidad de los aparatos y el mejoramiento de las técnicas modernas, vuelve a dar la razón, como en otros casos, a algunos puntos de vista de la vieja ciencia. Y en el futuro, es altamente probable una convergencia creciente entre el pensamiento antiguo y el moderno.

El agua, símbolo femenino por excelencia, resulta receptiva a todo tipo de vibraciones por sus peculiaridades físico-químicas únicas, y es capaz de almacenar inteligentemente las frecuencias de cada flor (energía), que son las que por resonancia actúan sobre las estructuras humanas sutiles más allá de la materia (plano afectivo, volitivo, emocional, psíquico) en las esencias de Bach. El agua, tratada químicamente o desmagnetizada por el contacto con los metales, pierde esa extraordinaria sensibilidad que la hace tan preciosa como elemento terapéutico.

El ascenso del agua en los vegetales

El agua se muestra excepcional incluso en su comportamiento dentro de los vegetales. Efectivamente, la savia asciende por los vasos de plantas y árboles en contra de la gravedad, alcanzando alturas poco fáciles de explicar. Es éste un problema que ha fascinado y ocupado a los botánicos de todos los tiempos, qué misterioso dinamismo impulsa a la savia a vencer la gravedad en contra del espontáneo movimiento hacia abajo que sigue la generalidad de los cuerpos. En el fenómeno intervienen la capilaridad y la ósmosis; actualmente se halla en boga la teoría de tensión-cohesión, siendo posiblemente el efecto real una suma de todas estas causas combinadas.

Una columna de agua puede ascender hasta 10 m de altura, el equivalente a la presión atmosférica (en el experimento de Torricelli una columna de mercurio asciende sólo 76 cm debido a la enorme densidad de este metal). Si sólo interviniesen la capilaridad y la ósmosis en la ascensión de la savia, diez metros sería el límite físico del crecimiento en cualquier vegetal. Pero los robles, por ejemplo, y numerosos árboles tropicales, llegan a alcanzar portes de 20 m de altura e incluso más. Aquí, el agua contenida en la savia parece desafiar la ley de la gravedad.

Para elevar agua a una altura semejante se requiere poner en juego fuertes presiones, de las que no puede darse cuenta simplemente a través de la ósmosis y la capilaridad. Otro líquido de la misma densidad no podría subir tan alto. El agua, en cambio, asciende sin problemas.

Tampoco puede explicarse este ascenso por la succión; un vacío total dentro de un árbol no podría elevar la savia a más de 10 m de altura (límite impuesto por la presión atmosférica externa). No obstante, las enredaderas trepan metros y metros sin que por ello sus hojas más altas dejen de estar lozanas, igual que las secoyas gigantes de hasta 90 m de altura.

La teoría moderna supone que el agua no es bombeada ni empujada, sino aspirada, por lo cual se le da el nombre de teoría de tensión-cohesión. Como se sabe, las moléculas de agua están unidas entre sí mediante puentes de hidrógeno (se orientan atraídas por las diferentes cargas residuales de los átomos de hidrógeno, parcialmente positivos, y de oxígeno, parcialmente negativos). Pues bien, cuando una molécula de agua sale de la hoja hacia la atmósfera durante la transpiración, se crea un vacío, por lo que otra semejante penetra en las células para sustituirla, iniciando una cadena mediante la cual el agua situada más abajo en el xilema es aspirada a través de los estrechos tubos de las células muertas. El poder de cohesión del agua es importante debido a la formación de puentes de hidrógeno, indicados en la figura mediante flechas.
Esta atracción secundaria puede generar una fuerza de tensión de 70 g/cm2 en una columna de agua destilada. Los conocimientos del momento atribuyen a la peculiar estructura del agua la capacidad de ascensión de la savia, muy superior a la que debiera esperarse de una simple aspiración mecánica.

Se observa por tanto una cierta organización, una cierta estructura del agua dentro de los vegetales, favorecida por la formación de puentes de hidrógeno. Estas mallas cristalinas, lábiles, pero reales en el intervalo térmico ordinario en que se mueven los vegetales, podrían constituir el soporte físico sobre el que se grabaría cierta información inteligente, el arqueos o alma de la planta, su impronta vital característica. Principio susceptible de ser destruido por el calor, por sustancias químicas de síntesis o por la luz del Sol, como hemos visto sucede en los remedios espagíricos, homeopáticos o en las esencias de Bach.


Procedimientos de dinamización del agua

Hemos visto que los alquimistas recogen el rocío de mayo durante la madrugada, en la creencia de que contiene el spiritus mundi. El agua, al condensar en la noche, recogería en su seno ese principio originario de las estrellas, la quintaesencia que también se halla en los seres vivos. Recordemos el folclore hispano y europeo de lavarse la cara en una fuente durante la mañanada de San Juan, de bañarse en el río, o la más antigua y prohibida de revolcarse desnudas las mozas en los prados cubiertos de rocío durante esa misma madrugada.

Ya hemos comentado el diferente impacto biológico del agua de la lluvia y el agua del riego normal sobre las plantas. Hemos sugerido que el agua es susceptible de formar mallas cristalinas a través de la lábil estructura de los puentes de hidrógeno. Por otro lado, la molécula de agua constituye un dipolo, dado que presenta separación de cargas eléctricas.

Una barra de hierro adquiere cualidades magnéticas cuando se la hace girar rápidamente en torno de un eje perpendicular al principal; los pequeños dipolos atómicos se orientan acusando los efectos de la fuerza centrífuga, apareciendo en la barra los polos Norte y Sur.

En el agua puede suceder del mismo modo, dado que cada molécula constituye un minúsculo dipolo, con su momento dipolar; debido al giro continuado, las moléculas líquidas, normalmente móviles y orientadas desordenadamente, se ordenarían de algún modo por acción mecánica, creando una red, o sea, estructura y soporte para fijar información externa.

Esta ordenación particular explica además porqué tales aguas, una vez dinamizadas, no deben ser tocadas por ningún metal; tal contacto anularía la orientación común adquirida por la masa líquida, destruyendo la red cristalina lábil, igual que el objeto electrizado pierde su carga cuando se lo deriva a tierra por medio de un conductor.

El razonamiento nos sugiere cierta explicación de la diferencia observada entre los efectos del agua de lluvia y el agua de riego sobre las plantas. Las gotitas de agua de las nubes, al precipitarse, dado que no son perfectamente esféricas -y si lo son, se deforman con la caída-, al no presentar simetría, sufrirán un momento de fuerzas resultante que las obligará a descender girando, describiendo por tanto una larga espiral. Aunque esto no fuese así, el mismo efecto de las corrientes aéreas causará un efecto semejante, provocando así una dinamización de origen mecánico, idéntica a la obtenida por agitación rotatoria en un recipiente no metálico.

Los practicantes de la agricultura biodinámica -antropósofos seguidores de Rudolf Steiner-, exaltan la eficacia de sus preparados para abonar la tierra agitando las cubas durante un buen rato en un sentido y otro alternativamente. Por supuesto, como en la preparación tradicional de las olivas, ningún objeto metálico debe ser usado durante el transcurso de tales operaciones. Si así ocurre, la dinamización queda anulada.

En la elaboración de los remedios homeopáticos líquidos, además de la dilución interviene también la sucusión; consiste ésta en una serie de golpetazos del frasco que contiene el remedio contra una superficie de madera, los cuales también tienen la propiedad de "abrir", de potenciar el efecto terapéutico del mismo. Para las sustancias dispersadas sobre lactosa, el procedimiento artesanal requiere largas moliendas en el mortero, haciendo girar el contenido en él durante largo tiempo.

En el caso de las esencias de Bach, al operar con la planta viva y recién cortada, el principio vital sería aún tan potente que se transferiría al agua sin más requisitos que la solarización, evitando así la necesidad de todas estas operaciones mecánicas de la Homeopatía, o las largas series de destilaciones de la Espagiria.

Conocemos además otros sistemas de dinamización del agua; el movimiento de ésta y la "apertura" que ello le provoca, se pone de manifiesto también en los pilones Virbela. Aquí se hace circular el agua en cascada a cielo abierto, de modo que salte y describa una serie de circuitos en forma de 8 o lemniscata. El batido del agua y los torbellinos así generados la dinamizan, de modo que, según los experimentadores (María Thun y la escuela antroposófica), las cosechas de hortalizas obtenidas con su riego son superiores en un 30% en relación a otras obtenidas con aguas normales. Estos pilones se hallan patentados y disponibles en el mercado.

De siempre, los agricultores han preferido airear y solear las aguas sacadas de los pozos antes de entregarlas a la tierra para regarla. También existen patentes de aparatos que dinamizan el agua elevándola por encima del nivel del recipiente donde se halla contenida (el elevador de acuario). Se la hace burbujear en continuo expuesta al Sol, para darla de beber a continuación a las mascotas domésticas, a las plantas, etc.

Existen también patentes de aparatos de dinamización por electrodos; el Oli-Dyn, fabricado en Bélgica, es el más potente del mercado, y dinamiza un litro de agua en 30 minutos. Funciona con corriente eléctrica de 220 voltios y dispone de una variedad de electrodos que es necesario sumergir en el agua a dinamizar, contenida en recipientes de vidrio. Genera una serie de pulsos de alta frecuencia, capaz de modificaciones físicas en el agua. Dado que estas aguas se pueden reconocer por espectroscopía Raman-laser, es interesante hacer observar las experiencias llevadas a cabo por Jean Pagot:
En tanto que el agua se mantiene a una temperatura superior a 65°C, la dinamización no supera un 5%. Por debajo de esta temperatura, este valor aumenta tan rápidamente que los tiempos de dinamización pasan a ser 3 o 4 veces más pequeños(4)... (Recordar que el calor y la luz inutilizan los remedios homeopáticos y las esencias de Bach, una vez elaborados).

Hay que apelar aquí a la creciente importancia de los ultrasonidos en la Tecnología Química, para obtener reacciones y materiales desconocidos e inesperados hasta el momento. En el campo de las frecuencias electromagnéticas tenemos también el dinamizador Lavinay; se basa en que un agua iluminada por un flash electrónico queda débilmente dinamizada. Una repetición de la irradiación y el efecto va aumentando. Existen en el mercado diferentes tipos de artilugios; no entraremos en ello dado que nos desvían de nuestro objetivo primordial.

Podemos preguntarnos ahora con razón si hay evidencia experimental que distinga una agua dinamizada de otra que no lo está. La respuesta es sí, sí en algunos casos, no en todos, aunque los efectos siempre pueden evaluarse, como veremos enseguida.

El agua líquida presenta diversas agrupaciones moleculares. Se conoce el monómero, constituido por una sola molécula, H2O; el dímero, de dos moléculas, (H2O)2; el trímero de tres, (H2O)3; el tetrámero de cuatro, (H2O)4, y el pentámero de cinco moléculas, (H2O)5. El tetrámero está constituido por una agrupación de dos dímeros, y el pentámero forma un tetraedro con una molécula centrada. Por supuesto, en el origen de todas estas agrupaciones está la polaridad de la molécula de agua, es decir, se une siempre la parte eléctrica positiva a la parte negativa.

El análisis químico no revelará diferencias porque todo es agua, H2O, la composición química es la misma; sin embargo, físicamente hemos de distinguir unas agrupaciones de otras. Para nuestro estudio, lo interesante es constatar que no todas tienen la misma actividad biológica, es decir, que, si químicamente son iguales, biológicamente hay que distinguirlas, ya que unas son más favorables para la vida que otras.

El monómero se forma en el transcurso de la síntesis del agua y es desfavorable para la vida. En las aguas de conducción, las que normalmente abastecen las casas de las ciudades, los dímeros resultan ser la especie más abundante. El trímero es el más activo desde el punto de vista biológico, y se ha constatado su presencia en aguas dinamizadas mediante aparatos provistos de electrodos(5). Tal existencia se ha puesto de manifiesto mediante un espectrograma Raman-laser. Sin embargo, esta técnica analítica aporta resultados negativos en el caso de las aguas dinamizadas por procedimientos clásicos, lo cual no quiere decir que no se den en ellas estas agrupaciones moleculares. Podría muy bien tratarse de uniones más lábiles y relajadas, que la propia técnica instrumental destruiría al tratar de ponerlas de manifiesto(6).
En el caso de las aguas dinamizadas por otros procedimientos que el electródico, falta todavía una prueba instrumental que nos revele su particularidad física, seguramente las uniones de tres moléculas de agua por enlaces más débiles. Sin embargo, hay pruebas objetivas de la actividad de estas aguas en el plano biológico. Vamos a verlas.

Discriminando aguas vivas de aguas muertas con testigos biológicos.
El agua como soporte de influjos cósmicos

Jean Pagot, en su obra Le caractére plilosophique. Le laboratoire, propone diversas experiencias para discriminar aguas dinamizadas de otras neutras o dinamizadas en sentido inverso. Dado que se trata de una autoedición francesa, describimos el procedimiento para que el lector curioso pueda realizar las experiencias él mismo, en su casa.
Se precisa para ello de agua dinamizada por cualquiera de los métodos descritos anteriormente. Como contraste, agua normal, o incluso agua que haya sufrido varias horas de exposición ante un televisor, por ejemplo. Necesitaremos también unos tiestos de barro, arena de río, lavada si es posible, y semillas de alguna leguminosa; por ejemplo alubias, lentejas o similares.
Hay que colocar la arena en varios tiestos, todos del mismo modo, a la misma altura, misma cantidad de arena bien seca, etc. Seguidamente se procede a la siembra de las semillas, enterrándolas todas a la misma profundidad, todos los tiestos en un mismo momento. A continuación se riega cada uno con su agua correspondiente, neutra del grifo, dinamizada, de lluvia, o irradiada con aparatos electrónicos. Hay que proceder en todo momento a oscuras, dejando los tiestos en un cuarto donde no entre la luz; a lo más, una suave penumbra en el momento de obrar. Por supuesto, deberemos marcar cada tiesto de modo que no haya confusiones con lo único que los va a diferenciar: el tipo de agua de riego.
En días sucesivos se vigilan los tiestos para que tengan la humedad suficiente que permita su germinación. Hay que estar al tanto para controlar el nacimiento de las plantitas, anotando el día, número de semillas aparecidas, etc., datos que luego se pueden pasar a gráficas.
Nacen en primer lugar las plantitas regadas con aguas dinamizadas, en segundo lugar las nacidas con aguas neutras, y las que han estado en contacto con aguas irradiadas es posible que, además de una mayor tardanza, muestren dificultades en salir, que no presenten una geotropismo hacia arriba claro y duden en erguirse y buscar la vertical, que sean víctimas de mohos, etc.
Puede alargarse el experimento controlando la altura de crecimiento en función del tiempo, y del mismo modo pasarlo a gráficos. Este modo de proceder nos aporta una prueba diferencial del efecto biológico de los distintos tipos de aguas. Aguas análogas para el análisis químico, pero con afinidades biológicas bien distintas.

Las esencias de Bach también han sido experimentadas en jardinería; para acelerar la germinación de las semillas se añade al agua Vine (dureza, romper la cáscara o la corteza), Olive y Hornbeam (fortalecedores). Las experiencias se hallan al alcance de cualquiera(7).

Theodor Schwenk, ingeniero alemán y antropósofo, nos describe ampliamente las particularidades del agua como agente formador en su obra El caos sensible, y cita un interesante experimento:
Por ejemplo, cuando agitamos un recipiente lleno de agua, creamos en el seno del líquido, como ya dijimos, superficies internas que se deslizan las unas sobre las otras. En cuanto lo hacemos llegar al reposo, esta génesis de superficies se acaba, al mismo tiempo que cesa toda su sensibilidad [del agua]; el órgano sensorial se repliega. Cuando el agua es agitada engendra las múltiples formas que hemos descrito. Lo mismo sucede cuando el agua se mueve libremente en la naturaleza. De todo esto resulta que no es tan sólo el acto de agitar el agua en los recipientes lo que la abre en tanto que órgano sensorial; puesto que con otro tipo de movimientos obtenemos el mismo resultado.
Entre la gran multiplicidad de "constelaciones" de planetas (conjunciones, oposiciones, etc.), y experiencias que han sido realizadas a tal fin, tomemos la de un día de eclipse de Sol.
Disponemos de una serie de botellitas idénticas, a medio llenar con agua. Durante el día del eclipse, las agitamos la una tras la otra de forma rítmica y en intervalos idénticos de tiempo (por ejemplo cada cuarto de hora), no tomando cada botella más que una sola vez. Es decir, que cada vez, abrimos la sensibilidad del agua en una sola de las botellas, a las influencias procedentes del estado momentáneo del firmamento. La receptividad se acaba en el momento que llevamos el agua al estado de reposo.
Por lo tanto cada vez se inscribirá en el agua un nuevo aspecto del cielo: el lento avanzar de la Luna hacia el Sol, el comienzo del eclipse, la culminación del mismo con el máximo oscurecimiento del Sol, finalmente el alejamiento gradual de la Luna. Al final de esta serie de operaciones tenemos toda una colección de botellitas idénticas que han sido agitadas en todas las fases sucesivas del fenómeno astronómico. Estas fases están ahora, por así decirlo, "grabadas" en ellas...

...Una vez finalizada la experiencia, hacemos germinar semillas de trigo, lo cual requiere días o incluso semanas. Todos los granos se sumergen a la misma hora, el mismo día y bajo condiciones absolutamente idénticas. El crecimiento de los tallos de trigo va a permitir descubrir las diferencias cualitativas entre las diversas aguas en un principio parecidas. En el mismo tiempo, los tallos de trigo de una de las botellas crecerán más rápidamente que los de otra. Medimos el crecimiento longitudinal para cada una de las botellas y esto nos da una idea del desarrollo del eclipse de Sol. El agua que ha sido agitada o "abierta" en el mismo momento en que tiene lugar el eclipse no permite que los tallos crezcan tanto, como el agua que ha sido "abierta" antes y después de que el fenómeno cósmico tenga lugar (8)...

Lo cual está plenamente de acuerdo con lo que los antiguos nos transmitieron sobre los eclipses de Sol. Los viejos textos afirman que es muy difícil la supervivencia de los nacidos en esos momentos. Hoy podríamos decir que hay un bajón de la vitalidad, sobre todo a la luz de esta experiencia. Incluso en la actualidad, con todos los recursos técnicos de la Medicina, lo sigue siendo; durante el transcurso del eclipse de Sol del 11 de agosto de 1999, dos niños nacidos en esos momentos en la clínica del Nen Jesús de Sabadell, fallecieron al poco rato de venir al mundo(9).

El agua, símbolo por excelencia de lo femenino -amoldamiento, receptividad, adaptación, fecundidad-, se revela experimentalmente como receptáculo de ciertas energías sutiles y de información inteligente, trasferidas desde el reino mineral, vegetal o animal. Un medio de capturar y almacenar el carácter filosófico, esa información que, según la doctrina antigua, proviene de las estrellas.

El agua, reveladora de las fuerzas vitales: las cristalizaciones sensibles

El punto de partida para las cristalizaciones sensibles -hoy aceptadas como método de diagnóstico en algunos hospitales de Alemania, Francia y Suiza- se encuentra en las investigaciones de Pfeiffer, allá por los años 30, quien siguió unas indicaciones de Rudolf Steiner acerca de la importancia del fenómeno de la cristalización como método de poner en evidencia la actividad de las fuerzas formadoras suprasensibles de la Naturaleza.

La cristalización es un fenómeno extraordinariamente delicado -en Física se habla de estados metastables-, que puede servir para poner de manifiesto la acción de fuerzas muy débiles, por ejemplo el influjo de los planetas. Una solución sobresaturada es un sistema extraordinariamente susceptible a cualquier variación del medio, por mínima que esta sea. En efecto, allí, los átomos y las moléculas se encuentran lo suficientemente próximos para interaccionar entre sí; el movimiento de las partículas es mínimo y se crean unos campos de fuerzas que podemos objetivar al fijarse las partículas disueltas sobre las direcciones preferenciales en forma de cristales, es decir, agrupaciones moleculares regulares que siguen una geometría definida.
Las cristalizaciones de que vamos a hablar ahora son sensibles a la estructura energética de los seres vivos, o sea, al campo electrodinámico adjunto al organismo corporal. Si se deja evaporar una solución de cloruro de cobre (CuCl2) sobre una placa de vidrio, aparecen con el tiempo unas agujas cristalizadas desordenadas, parecidas a las figuras que forma la escarcha sobre los cristales de las casas durante el invierno en los climas fríos. Los físicos y químicos acostumbran a no dar significado especial a este aparente desorden y variedad de formas.
Sin embargo, si a la solución de cloruro cúprico se le añaden algunas gotas de sangre, o jugo de plantas trituradas, la cristalización se produce ahora organizando configuraciones típicas, significativas de las energías vitales. Quedan evidenciadas así las fuerzas formadoras de la materia viva, tan presentes en ella como los átomos que revela el análisis químico. Otras sales también son útiles a este fin; sin embargo, el cloruro cúprico se ha revelado como el formador de imágenes más finas y detalladas. No podemos olvidar que el cobre es el metal de Venus, y este planeta representa en Astrología una fuerza vorticial ligada al crecimiento localizado, a la gemación y a la ovulación; patológicamente, a la formación de quistes acefalocísticos. El cobre metálico presenta cierta solubilidad en agua (10 mg por litro); es un elemento biológico, pues interviene en la estructura de la hemocianina, molécula similar a la hemoglobina, y en la feofitina, análoga a la clorofila.
El procedimiento consiste en verter de 5 a 10 cm3 de una disolución de cloruro cúprico al 5% en una placa de Petri, a la que previamente se ha añadido unas gotas de jugo vegetal, trituración de algún tejido animal o gotas de sangre humana, en definitiva, un líquido orgánico procedente de los reinos que llamamos vivos. Resulta imprescindible una limpieza escrupulosa de todos los materiales durante la operación. Después se deja evaporar en un espacio climatizado donde puedan controlarse la temperatura y la humedad. Las condiciones de trabajo son variables, situándose entre 28 y 38°C de temperatura y 50-60% de humedad relativa. De este modo, la cristalización tarda en producirse entre 14 y 16 horas. Es importante eliminar las vibraciones durante la operación, porque alteran el resultado de la cristalización. Hay que trabajar por tanto en un lugar alejado del tráfico, de líneas de ferrocarril o metro, etc.
El empleo de la placa de Petri tiene su justificación; una disolución extendida forma un menisco convexo, por tanto, la evaporación es más rápida en los bordes. Allí crecerán los primeros núcleos de cristalización, con los cuales interferirán el resto de las figuras que parten del centro. Al contrario, sobre la placa de Petri el menisco es cóncavo, puesto que debido a la capilaridad la solución asciende ligeramente por los bordes; la evaporación resulta más rápida en el centro, y de allí hacia los extremos parten las figuras sin interferencias que las estorben. Por supuesto, la perfecta horizontalidad de las placas durante la evaporación es otro factor que no debe descuidarse.
Finalmente, el cloruro cúprico cristaliza en un aglomerado de agujas que revela la presencia de las fuerzas inscritas en la solución; estas configuraciones dan testimonio de las fuerzas vitales capaces de organizar el crecimiento del mineral. Obviamente, la presencia de sustancias extrañas al cloruro cúprico interfiere en su cristalización, tal como tiene previsto la Química-Física. Ahora bien, los laboratorios y clínicas donde se han llevado a cabo estudios sobre este fenómeno, constatan la aparición de figuras bien determinadas según la sustancia añadida, tipos bien definidos que se relacionan, más que con la composición química, con la cualidad de la sustancia.
En el caso de la adición de jugos de plantas se constatan notables diferencias debido a la procedencia del tipo de cultivo o de la salud del vegetal. De hecho, en Francia(10), Colombia y otros países es actualmente una técnica para discriminar si tal fruta o verdura procede de cultivo biológico o no, si ha recibido abonos químicos o no, pesticidas de síntesis, etc. El jugo procedente de una planta sana y vigorosa da una cristalización regular, armónica y limpia, con radiaciones desde el centro hacia el exterior. Por el contrario, la cristalización efectuada con el jugo de una planta débil, enfermiza o cultivada por medios artificiales, da una imagen irregular e inarmónica, con núcleos de interferencia.
Las cristalizaciones sensibles apelan a la fuerza vital, al Arqueos o componente electrodinámico de los seres vivos. Dado que revelan las fuerzas formadoras de la materia viva, permiten avanzar con muchísimo adelanto las evoluciones patológicas que puede llevar a cabo un organismo aparentemente sano, respecto de otros medios de diagnóstico. Un hombre o una mujer joven, llenos de vida, pueden dar negativo en un chequeo médico, en una exploración y en una analítica completos. La cristalización sensible -de ahí su interés en el diagnóstico clínico- anuncia hacia qué alteración camina un organismo cuando la edad o las condiciones de vida vayan minando la vitalidad y las defensas, cuando merme la capacidad recuperadora.

Los laboratorios que llevan a cabo cristalizaciones sensibles hablan de veinte años de adelanto en el caso de tumores cancerosos. Dada la importancia que aún tiene para el pronóstico de esta enfermedad la precocidad en la detección y en el tratamiento, se revela la importancia técnica del método.
Al objeto de nuestro estudio, las cristalizaciones sensibles son una prueba más de la existencia de una estructura energética de los seres vivos -por llamarla de un modo actual- que se esconde a nuestra vista, detrás de la materia. Tan es así, que la literatura sobre cristalizaciones sensibles muestra un hecho sorprendente a primera vista para quien no está familiarizado con estos asuntos; las agujas de cloruro cúprico dibujan las llamadas "figuras de órgano". Si se tritura un tejido, de riñón por ejemplo, al añadir unas gotas de este triturado a la solución, resulta al final una configuración típica de riñón. Igualmente, las cristalizaciones con sangre dan figuras de órgano en caso de que alguno de ellos esté afectado. Constituye un fenómeno único e inesperado, acuñado por décadas de observaciones, que abona el terreno de las doctrinas de la ciencia antigua que venimos desarrollando a lo largo de este trabajo.
Resulta necesario ampliar a toda costa el concepto común y vulgar que se tiene en nuestra cultura del hombre, de la materia y del universo. Hemos llegado ya al punto más bajo de la trayectoria en la ciencia moderna; es preciso, por tanto, remontarse.

Notas
1.- G.H. G. Jahr. Farmacopea Homeopática. Elaboración artesanal. Miraguano Ediciones, Madrid 1987.
2.- Robert Endrös. Le rayonnement de la terre et son influence sur la vie. Editions du Signal, Lausanne, 1987. Pág. 37.
3.- Ídem obra anterior, págs. 38-39.
4.- Jean Pagot. Le caractère philosophique. Le laboratoire. GIF sur Yvette. 1986. Pág. 88.
5.- Ídem obra anterior, pág. 57.
6.- Ídem, págs. 57-58.
7.- Ricardo Orozco. Flores de Bach. Manual para terapeutas avanzados. Ediciones Índigo, S.A. Barcelona, 1996. Pág.196.
8.- Theodor Schwenk. El caos sensible. Editorial Rudolf Steiner. Madrid, 1989. Págs. 65-66.
9.- Revista astrológica Mercurio-3, nº 26, segunda época. Información facilitada por Josep Lluís Albareda.
10.- Remitimos al lector interesado al Centre de Byophisique, 6 rue Blatin 63000 Clermont Ferrand (Francia). Tel. 73 34 25 20.

 

 
 
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