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Texto original:

DISCOVERY DSALUD

Geoingeniería
Una "nueva" ciencia que trata de modificar el clima según las "necesidades"

por Miguel Jara
de Discovery DSalud

Al calor -nunca mejor dicho- del cambio climático algunas administraciones, instituciones y empresas están desarrollando una nueva “ciencia”: la Geoingeniería. Disciplina que se basa en la manipulación del medio ambiente a escala global para provocar cambios que contrarresten los daños producidos por los seres humanos. De hecho tales técnicas ya están empleándose aunque no sea algo muy conocido por la ciudadanía. Pero es cuestión de tiempo. Y es que ya que no se ha conseguido negar la existencia del cambio climático se intenta resolver el problema ¡haciendo negocio! Solo que se trata de una “ciencia” muy peligrosa ya que se desconocen los efectos que en la salud de las personas puede provocar modificar el clima a nuestro antojo.
El cambio climático es quizás el mayor problema ecológico y de salud al que se enfrenta hoy el ser humano pero como reconocer su existencia es atestiguar que el actual modelo económico es un fracaso primero se negó el problema –“mérito” atribuible al movimiento “negacionista” o “escéptico”- y luego se intentó minimizar su importancia. Sin embargo, como la realidad es más evidente de lo que ciertos lobbies o grupos de interés privado quisieran una vez que no han conseguido negar su existencia ahora se suman a afrontarlo… haciendo negocio. Y es aquí donde entra en juego la Geoingeniería.
El problema es que intentar volver a una situación anterior a esta “era de cambio climático” pasa por prescindir de muchas de las cosas que hoy son sinónimo de conceptos como “bienestar”, “calidad de vida”, “desarrollo” o “progreso” -coches, aviones, alimentos producidos con mucha tecnología, objetos procedentes de países lejanos, etc.- pero saber que existe un enorme peligro provocado por el modo de vida obliga a replantearse esos conceptos entrecomillados y apremia a realizar cambios importantes que a buena parte de la población le costará aceptar. Y la industria -sobre todo la petrolera y más en concreto la Exxon que es la empresa que ha financiado a la inmensa mayoría de las instituciones encargadas de crear confusión en torno al calentamiento global- sabía que un mensaje “negacionista” calaría en buena parte de la ciudadanía: la decidida a aceptar cualquier teoría que no ponga en peligro su status quo. El movimiento “negacionista” o “escéptico”, sin embargo, no ha conseguido finalmente que la ciudadanía se crea que el cambio climático no se está produciendo. Así que ha decidido apostar por la Geoingeniería.

MANIPULAR EL CLIMA
¿Y qué es la Geoingeniería? Pues es una nueva disciplina que pretende buscar soluciones tecnológicas a gran escala para intentar minimizar o contrarrestar los efectos del cambio climático. Solo que muchos de sus proyectos no superan ni un mínimo examen ético ni económico; y no digamos ya ecológico o sanitario. Es más, buena parte son absurdos e irrealizables pero se les intenta dar un viso de verosimilitud para que algunas instituciones científicas los apoyen y los gobiernos los financien. Para lo cual ofrecen el plus de proyectos “verdes” que eso vende mucho. En suma, utilizando técnicas de marketing intentan persuadirnos de que ellos pueden salvar el planeta recuperando su maltrecho equilibrio ecológico e incluso regular el clima a voluntad. De esa manera la ciudadanía –que en general desconoce el trasfondo de este asunto- les apoyará y presionará a los gobiernos para que se les de dinero para ello. Con lo que se aseguran el negocio aunque luego no produzcan nada útil. El Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (Grupo ETC) lo sabe, lo denuncia y tiene una manera muy gráfica de explicar a qué equivale la Geoingeniería: a tapar el sol con un dedo. “Hacer experimentos de Geoingeniería a escala planetaria –argumentan- es absurdo y peligroso porque se desconocen sus consecuencias reales”.
Ross Gelbspan, ganador del Premio Pulitzer, es igual de contundente sobre la nueva estrategia: “Al verse forzados por el peso de los descubrimientos científicos a abandonar su afirmación de que el cambio climático no está ocurriendo –explica- el sector del combustible fósil sostiene ahora que en realidad ese cambio será bueno para nosotros”.
¿Y cómo van a hacer eso? Pues con “argumentos” tan peregrinos como el de que un clima más cálido permitirá reducir nuestro consumo de calefacción y los ciudadanos pagarán menos por ella. O el de que si la temperatura sube disminuirá la mortalidad por frío. O el de que favorecerá el turismo. La consultora Pricewaterhouse Coopersestima por su parte que el mercado farmacéutico podría duplicar sus ventas gracias al calentamiento global ya que las altas temperaturas ocasionarán más enfermedades respiratorias e infecciosas. Vamos, que el cambio climático es estupendo porque favorece a muchos. Tal es el argumento a vender.
Claro que siempre hay gente dispuesta a creerse todo lo que suene a ciencia aunque en realidad se trate de ciencia-ficción. Personas que piensan en serio porqué no va a poder detenerse el calentamiento global con tecnología de vanguardia e incluso dominar el clima para elegir en cada momento la temperatura que queramos que haga en el exterior como ya hacemos en el interior de nuestras casas. Es suma, hay empresas interesadas en hacer creer a la población que podríamos vivir en un mundo en el que la primavera dure la mayor parte del año para que los gobiernos les den el dinero con el que lograrlo. Y así vivir décadas gracias a los incautos…

¿Y QUIÉN IMPULSA LA GEOINGENIERÍA?
Lo llamativo es que la Geoingeniería está impulsada por instituciones como la Casa Blanca y la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y difundida por revistas como Popular Science. Claro que ésos y otros organismos tienen en común –al menos durante el mandato de George Bush- la filosofía de obviar que el cambio climático es un problema ecológico causado por el ser humano que incide en la salud y debe resolverse de manera ecológica. La “solución” de la Geoingeniería, sin embargo, permite a sus promotores “matar dos pájaros de un tiro”. Porque con ella se evita tener que hacer cambios decisivos en el actual modelo de producción y consumo –que es en realidad la única salida viable a la grave crisis financiera, ética, ecológica y de salud en la que nos encontramos- y se crea un nuevo “mercado climático” hoy inexistente.
Buen ejemplo de este espíritu es el Pacific Northwest National Laboratory (PNNL) -dependiente del Departamento de Energía del Gobierno estadounidense- que con retórica ecologista habla de los evidentes efectos adversos para la salud derivados de la disminución de la calidad del aire, del agua y de la tierra. “La situación actual es insostenible –afirman- y la fecha límite para evitar la debacle ambiental se acerca rápidamente”. Nada que objetar. Es más, el PNNL asegura ofrecer soluciones científicas “para abordar estos problemas ambientales promoviendo al mismo tiempo una economía sana”. Cuando el problema es que el modelo económico actual es insano. Ese instituto deja de hecho entreverlo pero apuesta por utilizar técnicas que escondan los problemas en vez de cambiar de modelo hacia uno que al menos tienda a ser ecológico y no genere daños en la salud. En suma, apuestan por aprovechar los problemas ambientales para obtener beneficios económicos en lugar de apostar por evitarlos.
La estrategia del PNNL es “ofrecer información para comprender el impacto del cambio climático y desarrollar estrategias de adaptación y mitigación”. Conceptos éstos importantes… y ¡perversos! porque lo que se nos propone es “adaptarnos” al cambio climático y “mitigarlo”. Y para lo cual nos venden sus “soluciones”.
Ejemplo de este nuevo “capitalismo climático” es la compañía Planktos, una empresa que basa su negocio en verter toneladas de nanopartículas de hierro en los mares -la Nanotecnología es una ciencia dedicada a la manipulación de la materia a una escala menor que un micrómetro, es decir, a nivel de átomos y moléculas- alegando que así podrá capturarse el carbono emitido a la atmósfera. “El objetivo de la compañía es vender bonos de carbono asumiendo, sin respaldo científico, que el hierro puede estimular el florecimiento del fitoplancton y éste, a su vez, capturar dióxido de carbono de manera permanente”, afirma el ya mencionado Grupo ETC. Y no es la única. Compañías similares son Climos y GreenSea Ventures Inc.
Ya el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) -grupo creado en 1988 para proveer de información científica al Protocolo de Kyoto- recoge en su Informe de evaluación de 2001 denominado Mitigación -entre otras muchas propuestas- la posibilidad de actuar a nivel masivo sobre el geosistema planetario pero en él ya se planteaban dudas sobre su eficacia y seguridad. “Si bien parece haber posibilidades de manipular con técnicas de ingeniería el balance energético de la Tierra la comprensión humana del sistema es aún rudimentaria. El riesgo de que se produzcan consecuencias imprevistas es pues alto y tal vez ni siquiera sea posible manipular la distribución regional de la temperatura, las precipitaciones, etc. La Geoingeniería plantea interrogantes científicos y técnicos además de cuestiones éticas, jurídicas y de equidad pero aun así parece oportuno hacer al menos algunas investigaciones básicas” se decía textualmente en un capítulo en el que, sin embargo, se reconocía que ya se habían realizado experimentos. En concreto los proyectos IronEx (I y II) desarrollados en el océano Pacífico y en los que, por cierto, participó un miembro de nuestro Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

IDEAS “ORIGINALES”
Es más, ese panel de expertos habla de iniciativas de Geoingeniería que incluyen aerosoles atmosféricos, globos reflectantes y espejos colocados en el espacio que permitan reflejar la luz del sol. Proyectos a los que en el 2001 no se dedicaba gran espacio en el informe y donde se mostraba cautela con lo propuesto pero en el que ya se reconocía su existencia y potencial. De hecho los expertos en ese momento reconocían ya abiertamente que “a diferencia de otras estrategias la Geoingeniería se ocupa de los síntomas en lugar de las causas del cambio climático”. Y es cierto: la Geoingeniería no intenta “curar” al planeta sino “tratarlo” –como la industria farmacéutica con los enfermos- adoptando medidas que nunca acaben con la “enfermedad”. El negocio climático estaría así asegurado.
Bueno, pues es hora de recordarle al lector que los experimentos y proyectos de control climático están prohibidos por tratados internacionales. Y que en 1978 la Asamblea General de la ONU adoptó la Convención sobre la prohibición de utilizar técnicas de modificación ambiental.
Wayne Hall -un activista pro relaciones financieras transparentes y autor del artículo Cambio climático y Geoingeniería- cuenta en él que hace ya tiempo el conocido científico Edward Teller propuso crear una especie de “crema con filtro solar” para el planeta Tierra. No es broma. Teller, húngaro de origen judío que se nacionalizó estadounidense tras huir de los nazis y falleció en septiembre del 2003 era conocido como “el padre de la bomba de hidrógeno” y fue quien propuso al Gobierno de Ronald Reagan desarrollar el proyecto antinuclear Iniciativa de Defensa Estratégica más conocido como el “escudo de la guerra de las galaxias”. Pues bien, Teller -sus tesis fueron recogidas en un sonado reportaje del Wall Street Journal- estaba a favor de inyectar en la estratosfera partículas que disgregasen la luz del sol para evitar el calentamiento global. Era 1997 y los países industrializados se habían comprometido en Kyoto a tomar medidas para reducir los gases de efecto invernadero causantes del cambio climático. Claro que el húngaro debió inspirarse a su vez en las ideas de Wallace S. Broecker -de la Universidad de Columbia- porque éste ya propuso hacer lo mismo en la década de los 80 pero con dióxido sulfúrico.
Teller no era pues el único en plantear ese tipo de propuestas que obviaban tener que afrontar el problema. En el 2002 Paul Crutzen, premio Nobel de Química por sus descubrimientos sobre el agujero de la capa de ozono, afirmaba en Nature: “Nuestro futuro podría incluir proyectos de Geoingeniería a gran escala internacionalmente aceptados”. Y en agosto del 2006 propuso un experimento: introducir en la estratosfera películas de azufre para evitar que parte de la energía solar llegue a la Tierra. Concretamente quería lanzar sulfuro de hidrógeno -por ejemplo con cañones- aunque éste por oxidación se transforma en dióxido de azufre y éste a su vez, igualmente por oxidación, crearía partículas de ¡ácido sulfúrico!
Y hay más planes de Geoingeniería publicados y recogidos por diversas fuentes; entre ellas el New York Times. Es el caso de los que -como antes adelantamos- proponen fertilizar el mar con hierro para generar grandes floraciones de plantas que engullan toneladas de dióxido de carbono. O enterrar CO2 comprimido en minas abandonadas y en pozos activos de petróleo. Y están los que postulan para disminuir el calentamiento global métodos para reflejar la luz del sol y evitar que llegue al suelo como colocar películas reflectantes en los desiertos, lanzar a los océanos islas de plástico blanco, situar millones de sombrillas en el espacio -a kilómetro y medio de distancia- o impregnar con sal las nubes blanqueándolas. Asimismo se propone disparar aerosoles con derivados de sulfato a la estratosfera cada dos años.
Todo ello, en definitiva, para reducir los impactos ambientales y en la salud de la cultura del petróleo… sin acabar con la cultura del petróleo.

TODO MUY ESTUDIADO
Es más, existe un relevante estudio de 944 páginas realizado por un panel de científicos e investigadores llamado Policy Implications of Greenhouse Warming: Mitigation, Adaptation, and the Science Base(Implicaciones de la política del calentamiento por efecto invernadero, mitigación, adaptación y base científica) publicado en 1992 -cinco años antes de la cumbre de Kyoto- por la National Academies Press (NAP) cuyos autores son el ya citado panel de científicos, la National Academy of Sciences (Academia Nacional de Ciencias), la National Academy of Engineering (Academia Nacional de Ingeniería) y el Institute of Medicine (Instituto de Medicina), todos ellos de Estados Unidos. Es decir, altísimas instancias del mundo científico estadounidense. Bueno, pues también en él se apuesta sólo por métodos para “adaptarnos y mitigar los efectos del cambio climático” pero no para valorar las causas y detenerlas. Y lo malo es que hoy se considera la biblia de la Geoingeniería -tanto por su tamaño y el nivel de sus promotores como por su contenido- constituyendo un auténtico manual sobre qué hacer con los gases de efecto invernadero y el calentamiento global. Solo que lo que básicamente se propone es intentar mitigar el problema y ver cómo nos adaptamos mejor al cambio climático. En suma, con el apoyo de científicos e instituciones prestigiosas una serie de empresas pretende hacer negocio explicando de forma muy exhaustiva sus propuestas. Dando incluso los “argumentos” con que reclutar para la causa a gobiernos y éstos se impliquen en sus proyectos.
En él se dice, por ejemplo, que una manera eficaz de mitigar el cambio climático es pulverizar la atmósfera con productos químicos reflectantes utilizando para ello aviones, tanto comerciales como militares. El objetivo sería crear un escudo que rodee el planeta y conseguir que aumente el albedo de la Tierra (el albedo es la relación, expresada en porcentaje, de la radiación que cualquier superficie refleja respecto de la que incide en ella; de ahí que las superficies claras tengan valores de albedo superiores a las oscuras y las brillantes mayores que las mates). Bueno, pues siendo el albedo medio de la Tierra -respecto de la radiación que llega del sol- del 30-32% la idea es aumentarla usando aerosoles compuestos de aluminio u óxido de aluminio y óxido de bario así como productos químicos que generen ozono en la atmósfera.
Y en ese mismo informe -en la página 447 y hasta el final del capítulo- aparecen otras de las medidas que proponen los científicos e instituciones públicas estadounidenses con sugerentes nombres: Screening Out Some Sunlight –para filtrar o eliminar algo de la luz solar-, Space Mirrors –cuya idea es construir espejos espaciales-, Space Dust –se trataría de inyectar polvo espacial en el espacio-, Stratospheric Dust -lo mismo pero en la estratosfera-, Multiple Baloon Screen –se trataría de crear una pantalla protectora con multitud de globos-, Atmospheric Chlorofluorocarbon Removal –la propuesta es retirar el clorofluorocarbonato de la atmósfera- o Changing Cloud Abundance –se propone crear nubes de forma artificial-. El informe es tan minucioso que aparece incluso el coste-eficacia de cada una de las iniciativas. En cuanto al tiempo que se tardarían en llevar a cabo se habla de uno a dos años desde la aprobación.
Y es que el contenido del documento no deja lugar a dudas. En el subapartado Mitigación del capítulo Opciones de Geoingeniería se puede leer en el nº 28 -titulado Geoingeniería- lo siguiente: “En este capítulo se consideran varias opciones de Geoingeniería. Se trata de opciones que implican el uso de ingeniería a gran escala en el medio ambiente para combatir o contrarrestar los efectos de los cambios en la química atmosférica. La mayor parte de las opciones tienen que ver con la compensación del aumento de la temperatura global ocasionada por el aumento de los gases del efecto invernadero por medio de reflejar o alejar una fracción de la luz del sol que entra en la atmósfera. Otras posibilidades de Geoingeniería incluyen (…) estimular un aumento en la biomasa oceánica como medio de aumentar el almacenamiento de carbono en los océanos disminuyendo el CO2 por absorción directa y disminuir el halocarbono atmosférico por medio de destrucción directa. Es importante reconocer que en el presente estamos en un gran proyecto de Geoingeniería inadvertida por alteración química de la atmósfera y no parece inapropiado actuar si existen medidas que puedan contrarrestar esto, si pueden ser implementadas para paliar el impacto adverso de la misma”.
Bueno, pues al final el propio panel de científicos que firma el documento reconoce la peligrosidad de jugar a ser Dios: “La Geoingeniería inadvertida implica gran indefinición y un gran riesgo. Las contramedidas de ingeniería necesitan ser evaluadas pero no deberían ser implementadas sin una amplia comprensión de los efectos directos y de los efectos secundarios potenciales, sus implicaciones éticas y los riesgos”. Como ven, el asunto es muy serio.
La verdad es que el nivel de detalle de este extenso estudio impresiona. Ningún cálculo se ha dejado al azar. Solo que en la relación de quienes trabajaron en él hay sorpresas porque entre otros personajes conocidos aparece Robert A. Frosch que entonces era vicepresidente de General Motors Research Laboratories -los laboratorios de investigación de la empresa automovilística que ya poseían la patente Welsbach para la fumigación del cielo con aerosoles compuestos por óxidos metálicos- lo que se considera un claro conflicto de interés. De hecho la Oficina de Patentes y Marcas Comerciales de Estados Unidos registró el 26 de marzo de 1991 un invento de David B. Chang y I-Fu Shih asignado a la Hughes Aircraft Company, una de las empresas aeroespaciales y de defensa más importantes. Hablamos de la patente Welsbach que detalla cómo combatir el cambio climático emitiendo a la atmósfera gases compuestos por óxido de aluminio, entre otras sustancias químicas reflectantes de los rayos solares. Solo que Hughes Aircraft era propiedad de General Motors desde 1985. De modo que cuando sólo un año después de conseguir patentar la iniciativa Welsbach General Motors participa en el estudio Implicaciones de la política del calentamiento por efecto invernadero. Mitigación, adaptación y base científica ya tenía un claro interés en que se impulsaran medidas artificiales correctoras del cambio climático mediante Geoingeniería. Y un caso similar sería el de Joseph Glas, director de la división de fluoroquímicos de la compañía química DuPont.
Terminamos indicando que entre los numerosos autores del informe se hallan entidades de prestigio como la Institución Smithsonian o la Brookings, las universidades de Harvard, Cambridge, Oxford, Columbia, Princeton, Brown, Carnegie-Mellon y Yale, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), el de Recursos Mundiales, el Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas y el Laboratorio Nacional de Oak Ridge. Se trata, en definitiva, de un estudio descomunal con proyectos muy discutibles que si alguna vez se aprobasen podrían provocar graves consecuencias en todo el planeta.
En mayo de 2008 la presión internacional -impulsada por organizaciones ejemplares como el Grupo ETC- consiguió afortunadamente que 191 países acordaran en la novena ronda de Naciones Unidas sobre el Convenio de Diversidad Biológica celebrado en Bonn (Alemania) establecer al menos una amplia moratoria sobre las actividades de fertilización artificial del océano. Fue la primera vez que se tomaba una decisión global sobre las tecnologías de Geoingeniería. Y fue posible gracias a la conciencia de miles de ciudadanos de todo el mundo, creada en parte por la ocultación sistemática a la población de planes como los descritos en este reportaje. Porque no se trata de realizar cuantiosas inversiones en tecnologías cambiaclimas que comportan riesgos importantes y sólo van a permitir a unos cuantos enriquecerse sin solucionar nada. Lo que hay que hacer es acabar de una vez por todas con la contaminación del planeta. Nos va la salud y la vida en ello.

Extraído de DISCOVERY DSALUD


 
 
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