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MÍSTICA > LAS CUATRO INCONMENSURABLES

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Las cuatro inconmensurables

por Lama Ole Nydahl
Extracto del libro “El Buda y el Amor”, del Capítulo: El Secreto de un Gran Amor.

Amor es cuando se piensa más en dar que en recibir. Es el deseo profundo de ser feliz con alguien e incluye la actitud permanente de hacer algo bueno por esta persona. Uno está básicamente positivo y abierto a la frescura, y por esto cada minuto se vuelve gozoso y rico. Es amor si uno se ha abierto a alguien, se siente profundamente unido a la pareja y puede alegrarse de que la buena atmósfera que surja de esto también toque a otros.

Si crece un amor rico y unificador, se podrá tener con más frecuencia experiencias suprapersonales fuertes, sin ningún sentimentalismo. Esto rompe la tendencia a perder el precioso tiempo con expectativas o volverse dependiente de sucesos condicionados. Si uno está listo para ver la vida como camino de desarrollo, será natural compartir los días buenos con otros y aprender de los malos. Si además evitamos las emociones perturbadoras, se desarrolla una gran cantidad de espacio consciente entre y detrás de las experiencias.

El amor provechoso, sano, que da felicidad, que libera y que satisface, se muestra en 4 formas diferentes:

1. Intercambio sin esfuerzo (el amor bondadoso)

“Que todos los seres tengan la felicidad y las causas de la felicidad”

La causa para este deseo es pensar que el ser amado debe tener toda la felicidad. Hay tanta atracción que es imposible pensar en algo más y ambos usan el cuerpo, el habla y la mente para darse el mayor gozo el uno al otro (por medio del sexo amoroso, de la alabanza y de los buenos consejos). Esto hace que surja la confianza en la pareja. Se comparte la vida con feliz apertura, sin restricciones ni expectativas, y se experimentan cada uno en los niveles más altos (recordando la naturaleza Búdica inherente de cada uno).

Ejercicio para desarrollar más Amor Bondadoso: Se empieza por irradiar amor a la pareja y luego se les presta la misma atención y apertura a los familiares más próximos y al círculo de conocidos. Luego se van integrando más seres, sin olvidar aquellos con los que experimentamos dificultades. Finalmente uno extiende este amor hacia todos los seres. Si uno no tiene compañero puede iniciar por imaginarse a la propia madre (como es usual en la práctica budista), pensando en que nos crió y en su entrega desinteresada.

2. La Compasión

“Que todos los seres estén libres del sufrimiento y de sus causas.”

Todos los seres son maravillosos, pero se ven dominados por sus emociones y experimentan una y otra vez el sufrimiento. Ayudarlos significa hacer o dar algo significativo sin esperar nada a cambio. El excedente de amor incondicional permite al que da y al que recibe desarrollar juntos sus lados fuertes. Para un budista la compasión es saber que la vida está llena de sorpresas, pero que nuestra naturaleza siempre es un espacio inviolable e inalterable. La compasión, por ende, es liberadora pues no se introduce furtivamente la idea de un dador que mantiene dependiente al otro, ni la de un receptor ocioso, o víctima permanente.

Ejercicio para generar más Compasión: Igual que en el ejercicio anterior, se empieza por imaginar a la pareja o a la madre en una situación difícil, se desea apartar inmediatamente su sufrimiento y además ayudarles a ser independiente. Luego se va extendiendo esta compasión hacia los amigos, luego a los enemigos, hasta llegar a todos los seres. Desde tiempos sin principios todos los seres han sido en alguna vida nuestros padres, y nosotros también hemos sido los suyos. Por lo tanto existen muchos vínculos y posibilidades de ayudarlos. Si esto sucede de forma correcta, el beneficio es grande.

3. La Alegría por los demás (unida al deseo de que sea estable)

“Que todos los seres nunca estén separados de la felicidad que es totalmente libre de sufrimiento.”

Esto es alegrarse cuando otros experimentan algo bueno, ya sea que nos beneficie a nosotros o no. Es simplemente abrirse frente a la felicidad o el alivio de los demás y experimentar su alegría, así se disuelven automáticamente la envidia y los celos. Es muy elegante dejar descansar las propias necesidades a favor de las de los demás (por ejemplo apagar la tele cuando es hora de ir a cenar, o cambiar de canal para ver el programa que el otro desea ver, o cuidar a los niños mientras él o ella hace otra cosa), pues esto crea más espacio excedente y poder dentro de una relación y a largo plazo. Alegrarse por los demás es un sentimiento que une con fuerza. Sabiendo que la felicidad condicionada casi siempre dura poco, uno desea que los seres avancen hacia la felicidad última y reconozcan su propia mente. Al compartir las buenas impresiones con los demás, se enriquece uno espiritualmente.

Ejercicio para alegrarse por los demás: Uno se imagina al mundo condensándose del espacio, y que en muchos lugares las personas experimentan gozo y se desarrollan, y se alegra con ellos. Luego deseamos que siempre les ocurran cosas cada vez mejores.

4. La Ecuanimidad o Cima del Amor

“Que todos los seres reposen en la gran ecuanimidad, libres de confusión, apego y aversión.”

Sabemos que todos los seres son Budas iluminados, pero que viven bajo circunstancias diferentes. Por eso no debemos apegarnos a los que nos gustan o rechazar a los que no nos gustan porque todos tienen las mismas posibilidades. Si se logra interiorizar esta seguridad y tratarse el uno al otro con la serenidad correspondiente, será fácil lograr hacer lo mismo con todos.

Ejercicio para desarrollar la Ecuanimidad: Uno debe permanecer siempre en el momento, no tomar nada en forma personal y ser conscientes de la transitoriedad, y de la naturaleza búdica de todos los seres.

 

 

 

 
 
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