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OTROS TEMAS > LA DEGENERACIÓN DE LA RAZA HUMANA POR LA PÉRDIDA DE SUS CUALIDADES FUNDAMENTALES

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Herejías y herejes de nuestro tiempo


 


Articulos relacionados:

Sobre la sexualidad infantil, el placer corporal y la autorregulación.
El deseo materno existe y hay que decirlo


Artículo original en:

casildarodriganez.org

La degeneración de la raza humana por la pérdida de sus cualidades fundamentales

por Casilda Rodrigáñez Bustos

Un gobierno entregado al espíritu de invasión y de conquista, debería corromper a una porción del pueblo para que le sirviera activamente en sus empresas… tendría que actuar sobre el resto de la nación de la que reclamaría la obediencia pasiva y los sacrificios con objeto de enturbiar su razón, de falsear su juicio, de trastornar sus ideas.
Benjamin Constant (1809) Sobre el espíritu de conquista y la usurpación

No hay mayor ni más sotil ladrón que el doméstico; y así mueren más de los confiados que de los recatados; pero el daño está en que es imposible que puedan pasar bien las gentes del mundo, si no se fía y se confía.
Cervantes.

1.- La reciprocidad como elemento clave de la libido
Cuando una persona recibe amistad, confianza y afecto, está recibiendo algo que es propio del ser humano y que mana de su integridad psicosomática; es decir, la amistad y el afecto no es una norma de una cultura sino, en todo caso, se hizo cultura cultivando algo que brota de forma espontánea de nuestras pulsiones orgánicas, las cuales promueven el derramamiento del afecto sincero y de la conducta amorosa entre los congéneres; derramamientos convertidos en miradas, caricias, besos, abrazos, palabras, risas (de las que suben del vientre, no las de las máscaras), mimos, deseo, pasión, y toda una gama diversa e infinita -pues es específica de cada proceso ontogénico- de complicidades y de complacencias (*). Una mirada amorosa nos conecta con un bebé de 2, 3, 4 meses, que nos corresponde con su mirada amorosa; le sonreímos y nos devuelve también la sonrisa; frotamos nuestra cara contra su cuerpecito, y se ríe a carcajadas. El género humano somos, estamos hechos así.

La reacción de cualquier ser humano que no haya sufrido algún proceso de degeneración grave, ante una entrega afectiva, es responder de la misma manera, sincera y espontánea, que el bebé de tres meses, con la entrega recíproca de su amistad, de su confianza y de su afecto.
La reciprocidad es un elemento clave de la libido; realiza la función de formación del grupo humano desde el origen de la especie, cientos de miles de años antes de que aparecieran las normas y las leyes de cualquier civilización humana. Esta función social de la libido es clave porque gracias a ella nuestra especie se fijó en la cadena evolutiva y se estableció en la biosfera. Como decía Goytisolo, "un hombre sólo, una mujer/son como polvo, no son nada". Sin grupo, sin el tejido social del cuidado y del apoyo mutuo, la humanidad no hubiera sobrevivido.

La amistad, la entrega del afecto y de la confianza, desde siempre se ha considerado una cualidad básica de la condición humana. Y también sabemos que la amistad o es recíproca o no es tal amistad. Quebrar la reciprocidad traicionando a un amigo o a una amiga, era algo vil y sórdido, una prueba de degeneración del ser humano. Claro que como decía Cervantes, siempre ha sido más fácil engañar a quien confía en ti que al cauto, y por ello lo más rentable.
Cuando una persona engaña a otra y finge entregar amistad, confianza y afecto, con el objeto de extorsionarla o manipularla, está desplegando una voluntad de dominio, y está negando su propia capacidad de amar y de entendimiento, corrompiendo sus propias facultades humanas. Convencida quizá de su superioridad por el ejercicio de Poder, en realidad se ha convertido en un subproducto degradado de la especie humana. Es posible que l@s que las élites dominantes mantengan la creencia de la superioridad y de la grandeza del Poder, como cortina de humo para ocultar la degeneración que padecen l@s que la practican.

El Poder crea el campo de batalla y decide el tipo de armamento de cada guerra. Cuando las personas se dan cuenta de la guerra en la que viven, de que hay gente dedicada a la falsedad y a la mentira, automáticamente pierden el estado de confianza y pasan a reprimir los impulsos espontáneos de afecto y de reciprocidad. De manera que a medida que se extiende la guerra y la congelación del sistema libidinal, aumenta la robotización de los cuerpos y la degeneración de la raza humana.

La reciprocidad es una cualidad de la vida en general:
Amo naturalmente a quien me ama, decía Lope de Vega, resumiendo con su ingenio poético, en un solo verso, todo esto de que la reciprocidad es característica de las cosas de la vida.

Unos indios de una tribu chinook del noroeste del Pacífico (tierra de Seattle) tenían un término, 'potlach', (derivado del nootka 'patshatl'), que era algo equivalente a nuestro 'donar'; pero ellos precisaban que ello no significaba sólo 'dar' sino 'dar-recibir-devolver' (1)

Según Marcel Mauss (2) la noción de 'potlach' es la misma que la noción del 'hau', referida por el maorí Ranapari al antropólogo Elsdon Best en 1909 (3). El maorí Ranapari le explicó a Best, que si alguien te da algo, no puedes quedarte con el 'hau' de ese algo, sino que tienes que devolverlo. El 'hau' era algo así como la empatía -algunos lo traducen por 'espíritu'- que acompaña el objeto regalado, no el objeto mismo.

El hecho de que estas tribus indígenas tuvieran un concepto para designar lo que en nuestras lenguas son tres acciones diferentes, para las que necesitamos tres verbos diferentes ('dar-recibir-devolver'), significa que en su observación de la fenomenología de la vida no veían tres sino una sola acción, un solo proceso. Tan concatenado y continuo era el dar-recibir-devolver que para ell@s era un solo fenómeno, el 'hau' o el 'postlach', que expresaba el modo de funcionar el bosque y de la vida en general; el maorí Ranapari empleaba el término 'hau' tanto para expresar el modo de funcionar del bosque, como las relaciones humanas: dar-recibir-devolver.

La sabiduría y la intuición de las poblaciones indígenas, que vivían en contacto con la madre tierra, les hacía comprender que los seres humanos debemos vivir en sintonía con el 'hau', que no se puede vivir contradiciendo de manera sistemática el modo de funcionar de la naturaleza, que para su mantenimiento y desarrollo, se ha dotado de todos los sistemas que dicho funcionamiento requiere.

Como decían Maturana y Varela (4) todos los seres vivos somos organizacionalmente cerrados (con capacidad de autorregulación interna) e in-formacionalmente abiertos (nuestra formación se hizo en, y requiere de, un intercambio continuo con otros seres vivos, de nuestra misma especie y de otras). La autorregulación de cada ser vivo tiene una cierta autonomía pero depende de la apertura y de la relación externa.

Para mantenerse vivo, cualquier ente orgánico precisa conservar la organización interna, 'el cierre' que asegura su autorregulación (defenderse de las agresiones externas que puedan quebrantar dicha autorregulación), y 'la apertura', la relación con los seres de su entorno y de su hábitat. ('Cierre' y 'apertura' son términos nuestros que aquí tienen poco que ver con el concepto de cierre y apertura de puertas o ventanas; es una manera de expresar, a falta de otros conceptos, el modo de fluir y remansarse de la vida orgánica, su equilibrio sinérgico).

En la especie humana, el hau del bosque es la libido, el sistema fisiológico sexual, con una función de apertura, derramamiento y aceptación entre unos seres humanos y otros.

La dignidad es un sentimiento que producimos para proteger 'el cierre', nuestra integridad individual. La in-dignación (investirse de dignidad) es el sentimiento de rechazo a la agresión al objeto de recuperar nuestra integridad. La dignidad y la in-dignación brotan de nuestra integridad original y no tienen nada que ver con el orgullo, la soberbia, etc., y otras características de la formación y adaptación psíquica al ejercicio de la dominación y/o de la sumisión (el ego). Las criaturas humanas reaccionamos con nuestra dignidad ante las agresiones e intentos de bloquear el 'hau'. La dignidad no es un valor ético, es un sentimiento, una cualidad humana.

El proceso de sometimiento a la dominación es siempre un proceso de pérdida del sentimiento de la dignidad, una pérdida de una cualidad in-formacional.
La libido no es una cualidad psicosomática cualquiera, es una característica básica del ser humano, imprescindible para la supervivencia de la especie. Creo que si por ejemplo se produjera una mutación que nos hiciera a tod@s coj@s, cieg@s o sord@s, seguramente sobreviviríamos; pero no podemos sobrevivir sin el sistema sexual (y no sólo por la cuestión reproductiva, que seguramente podría realizarse in vitro y en un laboratorio).

La función de la líbido ha sido el tema central de otros escritos míos (3) y aquí no me voy a referir a dicha función general; sólo voy a referirme a algunos aspectos que a menudo pasan desapercibidos, desde esta perspectiva de la reciprocidad.

La ternura, por ejemplo, que sentimos hacia un perrito o perrita recién nacidas, o hacia un cachorro o cachorra mamífera cualquiera, es también una producción de nuestro sistema libidinal. Todo el mundo experimenta esa especie de cosquilleo y de tierna inclinación ante la presencia de algún cachorro. Incluso los cuerpos más acorazados se derriten momentáneamente ante un corderit@ o un gatit@ recién nacid@s. 'Ternero' y 'ternura' vienen de tierno, y 'corderito' forma parte de nuestro léxico amoroso.

Parece oportuno recordar, por si todavía alguien duda de que cosas como la ternura o el afecto o la amistad formen parte del sistema libidinal y de la fisiología sexual, que estas manifestaciones amorosas ya han sido comprobadas en términos hormonales (niveles de oxitocina en comidas familiares, en meriendas de amigas, etc.).

La criatura recién nacida induce a sus mayores la ternura, una respuesta sentimental para recibir el cuidado y protección que necesita. La ternura es un sentimiento acompañado de emoción, y en los cuerpos que conservan alguna integridad, el sentimiento arraiga con mucha fuerza: no es una emoción pasajera.

Hay que decir ya, que la reducción de los sentimientos a emociones es una parte de la estrategia actual de represión de la líbido. Los sentimientos que a lo largo de la vida vamos sintiendo (valga la redundancia), a veces intensos, a veces más ligeros, son nuestro esqueleto psíquico, la raigambre que da consistencia a la criatura humana, a diferencia de las emociones que acompañan los sentimientos, que son más o menos pasajeras. Pero en los últimos años cada vez se emplea más la palabra 'emoción' para hablar no sólo de las emociones sino también de los sentimientos, como si todo fuera lo mismo. El resultado es que se acaban considerando 'emociones' lo que en realidad son sentimientos. Esta confusión no es inocente, porque mientras que el control y la manipulación de los sentimientos lo identificamos como algo que atenta a la integridad de los seres humanos, 'el control de las emociones' se acepta con normalidad, como una conducta adaptativa que no afecta a nuestra integridad. Este reduccionismo es una estrategia conductista al servicio de la dominación.

El reduccionismo funciona porque las emociones son reales -lo que no es real es su descontextualización y la eliminación de los sentimientos en tanto que columna vertebral de nuestra integridad psíquica. Sin los sentimientos, perdemos nuestra consistencia, nuestras raíces en nuestra gente, en nuestro entorno, y nos convertimos en seres manipulables a conveniencia. No tiene pues nada de inocente.

También luego comentaré la descontextualización como técnica discursiva para modificar la interpretación de la fenomenología de la vida, como se está haciendo con las emociones, que una vez sacadas de su contexto, se reinsertan a conveniencia. Así formalmente no se niega el fenómeno, pero se desvirtúa su función. El reduccionismo, la extrapolación y, en general, la descontextualización son mecanismos habituales que nos encontramos a menudo para modificar la interpretación de la vida; lo que por ejemplo se hace también con la depredación de las especies, la agresividad defensiva, etc., para afirmar aquello de que 'el hombre es un lobo para el hombre' y que llevamos la guerra y la dominación en los genes, etc.. (6)

No se niega formalmente la ternura, pero se anula su función, queda en hibernación, en estado de no funcionamiento. Entonces se pueden introducir las pautas de conducta dictadas por los expertos, que a menudo contradicen nuestros sentimientos y nuestras emociones. Para la dominación es importante hacernos inconsistentes, hacer inoperantes nuestros sentimientos y su sabiduría, y por eso lo de reducirlos a emociones para así pautar su control en caso de que emerjan; y dejarnos en disposición de seguir el dictado del método, sea el de Estivill o el Canguro. Inoperantes nuestras pulsiones amorosas, descontextualizadas las emociones y obviados los sentimientos, podemos dejar llorar a nuestro bebé y seguir considerándonos madres que amamos a nuestras criaturas.

Despiezadas las mujeres y los hombres, despiezado el sistema libidinal, el amor se convierte en un concepto abstracto que se acomoda a todos los engaños posibles. La sabiduría popular, y también alguna canción, para hablar del amor verdadero decían 'amor del bueno', reconociendo de algún modo que en este mundo abundan muchas clases de amor que no son buenos.
Cuando ponemos nuestra confianza en el método, lo que hacemos es que lo anteponemos como criterio de conducta al impulso del deseo y a la ternura. La práctica continua de las metodologías trae consigo la relegación y el desplazamiento de los impulsos libidinales, y así es como el engaño se retroalimenta. Luego, poco a poco, los impulsos dejan de producirse o se inhiben inconscientemente, y las pautas diseñadas artificialmente se hacen costumbre y cultura.

Si la criatura no recibe amor, no produce amor; su sistema libidinal se estanca, se inhibe, queda reprimido; entonces se produce el contraefecto de esta contención, la agresividad y la violencia. Como la represión del amor se produce de manera invisible, también se hace invisible el origen de la violencia y del fratricidio, lo que permite presentarlos como naturales, e insertar el discurso del tánatos innato, de la naturaleza violenta del ser humano y su predisposición para la guerra. Así es como se puede, sin negar formalmente el amor materno ni la ternura, cambiar la capacidad de amar y la capacidad para la ternura, por la capacidad para dominar y para ejercer la crueldad. Sustraído el sistema libidinal de la organización humana, se introduce la dominación y la guerra.
El amor del bueno se hace un bien escaso, y se llama amor a un sucedáneo de amor que es un producto psicosomático de los cuerpos en pie de guerra. Y así seguimos diciendo que amamos a quien reprimimos, a quien dominamos, a quien arrebatamos su libertad, a quien poseemos, a quien hacemos sufrir, (te pego porque te quiero/ quien bien te quiere te hará llorar, etc.), y tan convencid@s puesto que no hemos conocido otra cosa.

La correlación entre la falta amor corporal en la infancia y la violencia fue mostrada por J.W.Prescott en 1975 (7); así como la correlación entre el grado de libertad sexual en las mujeres (que está asociada al amor primario) y el grado de violencia. Este estudio se realizó en 49 pueblos no industrializados, obteniendo Prescott una correlación del 98 %; una posterior revisión del estudio de Prescott mostró que se había equivocado y que la correlación era del 100 %. Esto quiere decir que hay un cero por ciento de posibilidades de que un ser humano libidinalmente saciado desde el nacimiento sea una persona violenta. Esta correlación posteriormente se ha comprobado en términos neurológicos: por un lado, se ha comprobado que la formación del sistema neurológico desde las 14/16 semanas de gestación no está genéticamente pautada y depende de la relación libidinal con el entorno; y por otro, que la adaptación de este sistema en formación, puede o bien desarrollar la capacidad para empatizar o bien la capacidad para la indiferencia y para la crueldad, según el tipo de interacción de la criatura con su entorno. Así es como neurológicamente se ha probado también que un entorno de congelación libidinal desarrolla criaturas predispuestas para la violencia. En 1985 un grupo de científicos bajo el patrocinio de la UNESCO (8) firmaron una declaración en este sentido, afirmando que es falso que la violencia esté genéticamente determinada y que la predisposición para la guerra forme parte de la naturaleza humana. Así pues el discurso del tánatos innato está científicamente desmentido y quien lo sostiene miente a sabiendas.

El origen de la violencia de hecho se conocía ya en el patriarcado primitivo. Los vikingos colgaban a los bebés de un árbol bajo la nieve, y los espartanos los tiraban montaña abajo, para que el acorazamiento de los supervivientes les convirtiera en guerreros capacitados para la crueldad. Eran formas bruscas de congelación del sistema libidinal; ahora son más sutiles, lentas e invisibles (como lo de hacer creer a las mujeres que el abrazo materno es un método, para sustraer el deseo del abrazo).

El diseño artificial de la vida humana crea una realidad autojustificativa: se ejerce una represión sutil y arbitraria para provocar una reacción violenta que justifique la represión abierta. Lo mismo en la crianza que en la acción política. El terrorismo se inventó hace mucho tiempo para justificar la represión y la guerra (el hundimiento del Maine, un buque de la armada estadounidense, a finales del siglo XIX por los propios norteamericanos para tener un motivo para declarar la guerra a España, es un ejemplo).

A pesar de que, como digo, fisiológica y antropológicamente se conoce perfectamente el origen de la violencia (9), el discurso del tánatos innato está omnipresente en nuestra sociedad, y se publicita y propaga continuamente, a sabiendas de su falsedad; se separan las criaturas de sus madres, y se proponen pautas de educación basadas en las creencias fratricidas, que desarrollan la competitividad (o tú o yo), la represión y la violencia. Sin embargo, nadie podrá convencer jamás a una madre, a poco amor materno que haya producido, que su bebé recién nacido tiene un ápice de maldad o de tánatos innato. El deseo materno es un enemigo radical de la dominación, porque pone en evidencia el estado original de la vida humana, a saber: que yo no puedo ser sin ti.
La ternura, por mucho que se la quiera descontextualizar, es un ejemplo de la función social de la reciprocidad del sistema libidinal. La industria de los muñecos de peluche, que representan la imagen del pequeñ@ cachorr@, descansa en esta frustración de la líbido amorosa hacia las pequeñas criaturas, lo mismo que la industria de los pezones de plástico descansa en la frustración del deseo materno. La universalidad y cuantía de dichas industrias dan indicación de la universalidad y cuantía de la frustración de nuestras cualidades primarias, y por lo mismo, son una prueba de la existencia de las mismas. En otros escritos míos he explicado más extensamente los argumentos y las pruebas que he encontrado para respaldar mi convicción de que el destino (filogenéticamente establecido) de todos los cuerpos es hacerse regazo y no coraza, es decir, vivir en fraternidad/sororidad y no en fratricidio.
Y ahora se están produciendo también muñecos de aspecto robótico y con rostros no humanos, para acompañar la robotización de la maternidad y de las relaciones humanas. ¿Llegará quizá el día en que la industria de los peluches se reconvertirá en industria de muñecos de rostros robóticos?
Nos hacen creer que no sabemos nada del cuidado de las criaturas, y nos empleamos en aprender los métodos y las pautas que dictan los expertos, y mientras nos aplicamos a ello, dejamos inoperantes nuestros impulsos amorosos con su función básica de interacción libidinal, y con toda su sabiduría. Además, la complacencia es la verdadera vía del aprendizaje, la que respeta y da satisfacción a la curiosidad del niño o de la niña. Esta curiosidad crece exponencialmente a medida que se satisface, y entonces se acrecienta la búsqueda del conocimiento y se multiplica el esfuerzo y la dedicación al estudio. La situación actual del o de la estudiante es esperpéntica por lo alejada que está de lo que podría ser de un sistema de aprendizaje respetuoso con los jóvenes seres humanos.

La reciprocidad libidinal comporta también dos cualidades bien conocidas que han caracterizado al ser humano: la generosidad y la gratitud.
La generosidad es un impulso amoroso hacia otra persona, un afán de complacer; es decir, la generosidad es un acto de derramamiento sin más objeto que el propio derramamiento, por el placer que produce la complacencia, y el gusto que produce el derramamiento propio; a diferencia de cuando se da esperando algo a cambio, lo cual es ya un indicador del deterioro del sistema orgánico corporal, que funciona robóticamente conteniendo las pulsiones del derramamiento, y también del deterioro del tejido social que hace posible la corrupción orgánica. La generosidad es el impulso de 'dar', que forma parte de lo que los indígenas antes mencionados llamaban 'hau'. Es el derramamiento o la exudación del cuerpo, su apertura hacia el entorno. La gente que goza tanto regalando como recibiendo regalos puede comprender lo que digo; la otra, no lo sé con seguridad. He comprobado que hay gente que, a base de funcionar en el fratricidio imperante y de practicar sólo el trueque (no digamos si practica el saqueo), desconoce lo que es el derramamiento y su goce, y no puede entender el funcionamiento de la vida (lo cual es en sí mismo un terrible indicador del deterioro y degeneración de la especie humana).

La generosidad y la hospitalidad son cualidades humanas universalmente encontradas en pueblos sin dominación ni jerarquías, por historiado@s y antropólog@s que en los dos últimos siglos hicieron 'trabajo de campo'. Cualidades referidas incluso por los propios conquistadores y viajeros de siglos anteriores. El asombro que manifiestan el propio Colón, o Bartolomé de las Casas, o el Capitán Cook, ante las manifestaciones de generosidad de las gentes que se encontraban, es una prueba de su ignorancia del funcionamiento de la vida y de no tener otro conocimiento que el del fratricidio. Tenemos también las referencias de la literatura antigua, a la llamada Edad Dorada o Antigua, recogidas por nuestros literatos más ilustres que leían el griego y el latín directamente (Cervantes, Lope de Vega, Góngora), sin mencionar lo que nos cuenta Bachofen en su famosa Introducción del Das Mutterrecht (10).
Gentes que daban lo mejor que tenían, como pura expresión de su humanidad, como desarrollo normal y espontáneo de sus facultades humanas. De hecho esta generosidad todavía existe como prueba irrefutable de toda la nobleza humana (Luis Cernuda), y lo sé porque he tenido el privilegio y la suerte de conocerla. Mis padres y mis hermanos, pese a toda la persecución sufrida, la practicaron, y no solo mis padres y mis hermanos, sino también varias personas más. Si busco las pruebas y escribo para manifestar mi convicción sobre las cualidades y la bondad innata del ser humano, es para dar fe de que las he conocido.
La generosidad y la hospitalidad son inversamente proporcionales al grado, menos o más absoluto, de devastación del 'hau' y de implantación de la dominación y de la competencia fratricida. La dominación nos individualiza, impide el flujo libidinal, corrompe la condición humana, cambia el derramamiento entre herman@s por la rivalidad y el saqueo: cambia el 'yo no puedo ser sin ti' por el 'o tú o yo'.

Las personas generosas son complacientes e incapaces de dominar. Ni mi madre ni mi padre me dieron jamás una orden, ni grande ni pequeña; ni me obligaran a hacer cosa alguna, inculcándome así el respeto a la integridad del ser humano. El no recibir órdenes (no tener que someterse, ni verse nunca en la tesitura de tener que obedecer) es fundamental para la salvaguarda y desarrollo de la integridad psicosomática y de las facultades humanas, incluida la curiosidad y las ganas de saber. El sometimiento a los padres es un chantaje afectivo, porque el grandísimo amor filial que les profesamos hace posible la neutralización del sentimiento de in-dignación. Y este es el primer paso de la criatura humana para adaptarse a la dominación en general. Esta es la rendición básica e iniciática de la integridad humana, cuya explicación está recogida en la obra de Alice Miller.

Si todo el esfuerzo que los padres y las madres de hoy dedican a inculcar límites y disciplina a sus hij@s, se aplicara a cultivar y proteger sus facultades y capacidades ¡qué diferente sería la condición de la infancia y la noción del estudio! ¡Y qué cosa tan diferente sería el amor entre padres/madres e hij@s!
Todo el enfoque de la infancia y de la educación está trastocado y pervertido por la noción que tenemos de lo que es un ser humano, por la ignorancia y el dogma establecido al respecto sobre nuestras cualidades in-formacionales.
La gratitud es un sentimiento interior que también cursa con placer: es el propio derramamiento inducido por algún tipo de entrega libidinal. No tiene nada que ver con la gratitud formal ante un regalo realizado, por ejemplo, sólo en cumplimiento del protocolo social, que es diferente de la gratitud como producción libidinal en respuesta a algún tipo de 'regalo' o derramamiento de otro sistema libidinal. Es el impulso de 'devolver' del 'hau' del bosque. La gratitud forma parte de las reacciones de reciprocidad y es un producto libidinal característico de la condición humana. El dicho de 'ser agradecidos es de biennacidos', no se refiere al cumplimiento de una norma social, sino a una producción sentimental.

Vuelvo a precisar que no estoy hablando de 'valores' o de moral, sino de cualidades orgánicas in-formacionales de la especie humana.

En general siempre ha habido un tipo de normas sociales que han acompañado, o al menos recubierto algo de producción libidinal. Los seres humanos hemos seguido produciendo gratitud verdadera y sincera por debajo de las normas establecidas. Pero ahora la extensión de la competencia y del fratricidio deja cada vez menos margen para dicha producción.

No hay normas ni diseño artificial de la conducta humana que pueda sustituir la función de la líbido. El acorazamiento psicosomático, la represión del deseo y de los sentimientos, seguido de la imposición de pautas de conductas de sustitución, producen un daño y un sufrimiento comprobados neurológicamente (11) y psicológicamente (12); luego, aparecen las lesiones psicológicas crónicas, objeto de tratamiento cada vez más generalizado a lo largo de toda la vida de las personas; pero además, la robotización de la conducta humana llevada a los extremos a los que estamos llegando, supone una degeneración de nuestra especie de dimensiones y consecuencias que no podemos imaginar.
La antropología académica ha asociado la aparición de la dominación (el Patriarcado) con la prohibición de la sexualidad espontánea, lo que se conoce como el Tabú del Sexo. El Tabú del Sexo, históricamente registrado, es por sí mismo prueba de la incompatibilidad de la dominación con el sistema sexual humano. Desde Freud se ha pretendido que esta incompatibilidad del sistema sexual se refería a la civilización en general, con el argumento de que la civilización requiere de una determinada represión de los instintos (el supuesto tánatos innato) y de las pulsiones sexuales (presentadas como asociales). Sin embargo, los datos históricos y arqueológicos han probado la existencia de civilizaciones y culturas 'de celebración de la vida', en sintonía con el 'hau' de la madre tierra (13), en sintonía con el sistema sexual humano, previas al Patriarcado, desmintiendo esta impostura.

Pese a la aparente libertad formal de la sexualidad, hoy su represión se realiza con una triple estrategia: una es la de silenciar sus elementos básicos (el deseo indiferenciado y la capacidad orgástica del cuerpo humano), enterrando el desarrollo de la sexología científica del siglo pasado; la segunda, promover la práctica del sexo pautada, sin deseo o con el deseo artificialmente codificado (la tecnosexología); y la tercera, malignizar la pulsión sexual, asociándola a la agresión y a la violencia.

Me había extendido más sobre el nuevo orden de represión de la sexualidad, los nuevos camuflajes de la represión de siempre, ahora más sutil y también más absoluta que nunca, gracias a la tecnosexología, a la práctica del sexo en estado de congelación del sistema libidinal, con la ayuda de las viagras, lubricantes vaginales, etc. Las nuevas formas de represión de la sexualidad merecen una especial atención porque son un elemento clave de la degeneración de la raza humana; pero hay tanto que decir, que he creído mejor tratarlo por separado en otro escrito.

La libido tiene una herramienta muy importante para realizar su función: la capacidad humana del lenguaje. La líbido y el lenguaje juntas constituyen la capacidad de entendimiento y de sociabilidad propia y característica del ser humano.

2.- La palabra.
La capacidad del lenguaje se ha asociado a nuestra condición humana, como una de nuestras cualidades básicas.

Decía un indio de América del Norte, no recuerdo su nombre ni dónde lo he leído, que la palabra del hombre blanco no servía para lo mismo que la palabra del piel roja; que la palabra del hombre blanco servía para engañar y la del piel roja para entenderse (14).

De manera sencilla este indio explicaba la corrupción de una importantísima cualidad humana, básica para nuestro entendimiento y sociabilidad.

La palabra sirve para entendernos, la mentira para engañarnos y practicar el fratricidio y la dominación.

La voluntad de dominio corrompe la palabra y produce la mentira para cambiar el entendimiento entre los seres humanos por la dominación de unos seres humanos sobre otros. La mentira es una herramienta de la dominación.
No hace mucho existía todavía a este respecto la noción de la integridad humana, y se decía que una persona 'no tenía doblez' para referir dicha integridad; o que era una persona 'de palabra', o sea que no estaba corrompida y lo que decía era la verdad y se atenía a ella; que no engañaba ni mentía. Hoy casi hemos perdido esta noción. La doblez y la mentira prosperan impidiendo el desarrollo del entendimiento humano y el funcionamiento de la libido. Sustituyen las relaciones humanas impulsadas por la libido, por la amistad interesada o los matrimonios de conveniencia, la ternura por la crueldad, la complacencia por la dominación, la maternidad por un sucedáneo robotizado, el abrazo materno por una metodología, etc. La industria y la tecnología en lugar de ayudar y favorecer el entendimiento entre los seres humanos, se dedican a fabricar los sucedáneos y los artilugios requeridos por la mecánica de la dominación.

Desde sus orígenes, la mentira ha estado unida a la dominación y a la represión sexual. En el comienzo del patriarcado, se inventaron falsos seres todopoderosos (extra-terrenales y/o sobre-naturales, que habitaban en los cielos, en definitiva, invisibles o intangibles), que dictaban las normas contra-natura: el sometimiento de la mujer, la esclavitud y la servidumbre a las castas dominantes, la sublimación de la líbido, la justificación del saqueo y del botín, la defensa de la apropiación individual, etc. Los dirigentes de las castas dominadoras, sacerdotes o reyes, decían por ejemplo, que un tal Yavé que habitaba los cielos les había dado unos mandamientos (Moisés), o que Marduk, otro invisible e intangible habitante celestial, había ordenado unas leyes (Hammurabi), o Brahama, el Ser Supremo del hinduismo, un código que establecía las castas y las respectivas misiones que cada una de ellas debía cumplir para alcanzar la unión con el Ser Supremo (los sudras o casta de los siervos, según el Código de Manú, tenía como única misión servir a las tres castas superiores, los sacerdotes, los guerreros y los comerciantes).
Dios o el Ser Supremo era al mismo tiempo el dictador de las órdenes y el objeto de la sublimación de la líbido: puesto que la felicidad era la unión con Dios, con el Ser Supremo, lo cual se lograba cumpliendo las leyes o misiones que ordenaba.

Los primeros seres celestiales que representaron y simbolizaron la voluntad de dominio, fueron representaciones del Sol, que en tanto que fuente de energía extra-terrenal fue elegido como símbolo de la dominación sobre la vida, y como representación de la excelsa superioridad, lo mismo que a la pobre águila le tocó ser el símbolo de la destrucción de la sexualidad femenina y de la matrística (15); son las religiones que se conocen como religiones solares o heliopónticas. El imperio romano, que practicó la dominación de forma terrorífica y cruel, consagró también Roma al Sol Invicto (Aureliano, 274 d.c.), y llevó su símbolo, la esvástica (establecida como tal símbolo en los orígenes de la dominación aria, en el 3000 a.c. (16)), junto con el águila, en los estandartes de sus legiones y falanges; mientras la población civil, dividida entre patricios, plebey@s y esclav@s, forjaban su capacitación para la crueldad de forma masiva en los circos, contemplando matanzas de gladiadores o cómo los leones devoraban a gentes indefensas. Como dice Constant, la dominación requiere también la corrupción de las personas que no están arriba de la pirámide jerárquica. Cuando hacemos turismo y visitamos las ruinas de los circos romanos, tan abundantes por cierto, deberíamos ver algo más que piedras viejas, y empezar a reflexionar sobre la crueldad y el sufrimiento que comporta la dominación. Con el arte y la historia que nos enseñaron en el colegio, nos colaron sutilmente la justificación de la guerra, de la crueldad y del sufrimiento humano.

Los mitos deben contemplarse como una gran sofisticación de la mentira, que alcanzó cotas de elaboración y de propagación altísimas para bloquear el hau de la vida, para congelar el sistema libidinal: todas las civilizaciones de la dominación descansan en algún mito de similar contenido desde el punto de vista de la fenomenología de la vida, tanto en Oriente como en Occidente. Los mitos, sobre todo en Oriente, se suelen acompañar de prácticas rituales y de ceremonias para disciplinar el cuerpo y controlar/sublimar sus pulsiones; en realidad, muchos ritos son ejercicios corporales destinados a compensar la escasez de oxitocina en la autorregulación corporal.

Una característica común de todos los mitos se centra en el sometimiento de la mujer, en obligarla a renunciar a sus costumbres y a su sexualidad, sustentadoras de las formaciones sociales y culturales en sintonía con el hau. Por eso, en todas las mitologías existen dioses y héroes solares que matan a la serpiente o al toro (o becerro) representantes de la sexualidad femenina.
Cada mito cuenta una historia falaz que oculta la devastación originaria de los pueblos matrísticos: ya sean los cuentos sobre los drávidas (el pueblo indígena de la India, llamado pueblo de la tierra y de la serpiente) que quedaron convertidos en la casta de los parias o intocables, lo último de la escala social; o los de la Biblia sobre los pueblos mesopotámicos, o la literatura griega, como La Iliada, considerada como la primera obra literaria de nuestra civilización, que se escribió para falsear el sentido de la guerra de Troya (17), así como otros mitos escritos para establecer el matricidio (Edipo, Orestes, etc.) y aplastar el recuerdo de la matrística en la Vieja Europa (18).

El sometimiento y la aceptación de la inferioridad de un@s respecto al sexo dominante o a la casta superior o al adult@, desde los comienzos ha requerido del engaño; y tan importante ha sido y es para la dominación la tarea del engaño, que siempre la casta superior dentro de las castas superiores, ha sido la de los sacerdotes (levitas, brahamanes), los encargados de establecer las mentiras y mantener a punto la impostura general. Hoy la tarea del mantenimiento de la mentira, se llama 'inteligencia', y los sacerdotes ya no justifican su autoridad en una supuesta relación privilegiada con los dioses. Pero, al igual que los sacerdotes del patriarcado primitivo, están en la cúspide de la pirámide social.

En la evolución de algunos pueblos de cazadores-recolectores, que en el siglo pasado presentaban formas de dominación y jerarquía en un estado muy incipiente, se ha podido comprobar que la aparición de dichas formas de dominación y jerarquía, acontecía con la aparición del chamán que dirigía los rituales. (19). La etimología de la palabra 'jerarquía' (archos = Poder; hyeros = sagrado) también revela este aspecto del origen de la dominación, como señala la mismísima Riane Eisler: a saber que la primera casta dominadora fueron los sacerdotes o representantes de las divinidades (20) porque su tarea de promover el engaño y la sublimación de las pulsiones vitales era y es el ejercicio básico de la dominación.

También 'baal', el nombre del dios solar de los semitas, significaba dominación, y se decía por ejemplo que tal señor era el 'baal' del campo, o el 'baal' de su mujer; es decir, dios y dominación eran la misma cosa.

Según el Código de Manú la casta sacerdotal está por encima de las otras dos castas dominantes, que sustentan el Poder militar y el Poder económico; otra cosa es que si a estos dos Poderes no les gusta como sus sacerdotes llevan las cosas, siempre se pueden aliar y llevar a cabo un golpe Estado para cambiarlos. Pero en cualquier caso, la escala jerárquica reconoce que el Poder requiere de manera prioritaria la puesta a punto de la mentira.

El ser humano, siendo lo que es, ofrece una resistencia natural a la dominación, por lo que la dominación siempre necesita de la fuerza física y de la mentira para imponerse y mantenerse. Siempre necesitará una casta sacerdotal para organizar el engaño y una casta de guerreros para imponer el dominio por la fuerza. Siempre necesitará corromper la capacidad de entendimiento y las cualidades básicas de un determinado número importante de seres humanos, jerárquicamente degradados. Si los seres humanos no fuéramos lo que somos, con las cualidades y capacidades que tenemos, efectivamente un diseño artificial podría mantenernos organizados como robots, nuestras conductas siguiendo los dictados y cumpliendo las misiones encomendadas sin resistencia y sin necesidad de mentiras y ni de amenaza física; pero siendo lo que somos, sólo puede mantenerse con la fuerza y la mentira, en guerra permanente contra la voluntad de entendimiento del ser humano: los brotes de in-dignación son y serán siempre recurrentes. La dominación no es una guerra como medio de conseguir un fin pacífico; la dominación es el medio para mantenerse a sí misma, es la guerra permanente de unos seres humanos contra otros, y por ello los medios y el fin se confunden.

La dominación, como medio y como fin, comporta la congelación libidinal y la guerra fratricida.

Es fácil de entender que la dominación no puede ejercerse de forma continuada sólo con la amenaza de la fuerza, y que necesita asociarse con la mentira; y también que la mentira sola no podría mantener la impostura y necesita de la amenaza física. Por eso Franco, que dejó todo atado y bien atado, instaló al mismo tiempo las bases militares estadounidenses y el conductismo en las facultades de psicología (eliminando el psicoanálisis, la sexología científica, etc.).

Incluso ahora, en la nueva era de la dominación invisible, de globalización de la mentira, con la mentira convertida en arma de destrucción masiva, la amenaza permanente de la fuerza es necesaria. El terror y el horror moral, que decía Coppola (Apocalipsis Now). Por eso los imperios tienen bases militares por doquier para que las cosas estén atadas y bien atadas.

El mantenimiento de la impostura, además de la censura y de la empresa engañosa permanente, de tanto en tanto también necesita hacer una 'limpieza' de los grupos humanos étnicos o sociales que desarrollan la crítica racional a la masacre y al terrorismo. Estos hitos han comportado quemas y eliminaciones masivas y selectivas de libros, brujas y herejes (la Inquisición, el nazismo, el franquismo), etc. etc. y se conocen históricamente como etapas de 'oscurantismo', (destinadas a que la gente no vea lo que hay, y a ocultar el conocimiento que siempre acaba siendo subversivo para la dominación). Creo que si la humanidad sobrevive, se contemplarán las últimas tres o cuatro últimas décadas como una de las épocas más oscurantistas de toda nuestra historia, tanto por la destrucción implacable del conocimiento, de brujas y de herejes, que ha tenido lugar, como por la producción masiva de mentiras y de falsos científic@s, por la renovación y extensión de viejas religiones y de viejos mitos, y por la creación nuevas religiones y de nuevos mitos.
La misma persecución a la palabra pone en evidencia que la dominación descansa en el engaño y en la mentira, pues si descansara en la verdad no tendría por qué temerla.

Junto con la capacidad de amar, la capacidad del lenguaje se opone a la dominación; promueve el conocimiento de la fenomenología de la vida, la solidaridad y el apoyo mutuo, la resistencia ante la dominación.


3.- La capacidad humana de entendimiento y el dogma básico
La palabra y la libido asociadas nos capacitan para el entendimiento y la sociabilidad natural humana. Son cualidades básicas in-formacionales de nuestra especie; es decir, cualidades asociadas a nuestra formación filogenética, que nos hacen ser lo que somos y no otra cosa.

Para que se entienda: la edad, el sexo, el color de la piel, la estatura, la fuerza física, etc. no son cualidades in-formacionales básicas, como sí lo son en cambio la líbido y la palabra.

No es casualidad que reiteradamente en la historia patriarcal hayan intentado hacernos creer que, por ejemplo, las mujeres o l@s negr@s éramos infrahuman@s, como hoy todavía sucede, sobre todo con la infancia. Diferencias dentro de nuestra misma especie, se descontextualizaban y se extrapolaban como si fueran diferencias entre seres humanos y seres no humanos, o bien servían para establecer funciones y categorías jerárquicas artificiales entre unos seres humanos y otros. Y mientras tanto, para someternos, se dedicaban a la devastación de nuestras cualidades verdaderamente básicas, las que nos distinguen como seres humanos en el conjunto de la biosfera.

Así, desde los orígenes de la dominación (5000 años aproximadamente), la líbido y la palabra han sido objeto de devastación, para sustituir la capacidad humana de entendimiento por la voluntad y la capacidad de dominar y saquear a los propios congéneres.

Esta sustitución no se hace a las claras, tal y como recomendaron algunos de los grandes padres del Patriarcado (para Platón la mejor de las leyes era la que impidiera que los jóvenes se dieran cuenta de lo que es bueno y de lo que es malo; para Pascal era imprescindible que el pueblo no se apercibiera de la impostura para que ésta no llegara rápidamente a su fin, etc.), y se realiza de manera subrepticia y fraudulenta, al objeto de normalizar y naturalizar la voluntad de dominación, como si fuera lo propio, consustancial al ser humano.
Como ha explicado Amparo Moreno (21), se ha logrado que identifiquemos lo humano con el prototipo de humano imbuido de voluntad y capacidad de dominio. Y se ha logrado que esta identificación se normalice como un dogma básico, cuyo cuestionamiento es casi inaccesible: es el dogma conceptual básico como lo calificara la antropóloga estadounidense Ruth Benedict, sobre el que descansa nuestra civilización. Para quien quiera un mejor entendimiento de esta identificación, me remito a la obra citada de Amparo Moreno.

Esta es la gran impostura, la madre de todas las imposturas, el dogma básico que subyace al discurso de la dominación: creer que el ser humano es el arquetipo viril que ha sido y es protagonista de nuestra historia patriarcal, una historia de guerra entre los sexos, de dominación, esclavitud, sufrimiento humano y saqueo. Creer que somos esto, que las criaturas humanas tienen un tánatos innato, que nuestr@s hij@s son tiran@s, vag@s y perezos@s, que la letra sólo con sangre entra, y que la paz de los sexos es sólo posible mediante un pacto de sometimiento a una regulación artificial y al matrimonio de conveniencia. Como decía también Amparo Moreno, quizá la persona más lúcida que he conocido en mi vida, la propagación de las creencias fratricidas y el respeto cómplice de la guerra está en nuestro sistema reglado de enseñanza. La guerra se respeta porque se justifica, por la indiferencia con la que se citan las innumerables guerras de nuestra historia silenciando el horror y el sufrimiento que implican. En el colegio aprendimos todas las guerras, sus nombres, sus fechas, sus conquistas, sus botines, sus líderes, sus banderas, sus armas: lo aprendimos todo excepto lo que es una guerra, cualquier guerra.
La civilización patriarcal no se define por la dominación del hombre sobre la mujer sino por el tipo de humano, masculino y femenino, que hace posible tal dominación, y que considera la guerra como un medio legítimo de conseguir lo que quiere (Aristóteles). Tampoco se define por la explotación y la expoliación del trabajo, el hambre, la prostitución, el matrimonio, etc., o cualquiera otra de sus características, sino por el tipo de sujeto capaz de todas las atrocidades e incongruencias de dicha civilización.

Sin embargo el dogma del arquetipo humano patriarcal se hace añicos con un solo dato: la civilización patriarcal tiene 5000 años y la humanidad se hizo un lugar en la biosfera y prosperó durante unos dos millones de años, gracias a sus cualidades básicas in-formacionales, a su capacidad de entendimiento; como diría Reich, gracias a su sistema económico sexual en el que descansa su sociabilidad natural.

El desarrollo de la sexología científica en el siglo pasado dio lugar a una nueva y joven ciencia llamada antropología sexual, que celebró su primer simposio en mayo de 1965 en Kentucky, USA (22). Este nuevo campo de conocimiento fue el resultado de cruzar la historia y la antropología con los hallazgos de la sexología científica, viniendo a dar la razón tanto a Bachofen como a Reich, que ya habían descubierto en las civilizaciones prepatriarcales, la función socializadora de los impulsos sexuales y del sistema sexual femenino y masculino.

La capacidad y la voluntad de dominio implican la existencia de seres sometidos a la dominación, relegados a categorías subordinadas. Cada categoría, cada casta tiene su misión que cumplir, dicen. La dominación por eso siempre trata de justificar la jerarquía y la segregación social, como si fueran elementos naturales de organización; a menudo convirtiendo la diversidad de funciones en una justificación de la jerarquía; pero no hay mayor complejidad de sistemas y diversidad de funciones que las que conforman a los seres vivos autopoyéticos y autorregulados, y no implican jerarquía alguna (23). En realidad, la jerarquización de las funciones tiene por objeto ejercer el dominio sobre dichas funciones y sobre el conjunto de la estructura; y siempre, de alguna manera, implica una determinada alteración de la relación sinérgica de las mismas. Pero la viabilidad de la dominación depende de la jerarquización de sus estructuras.
Los seres excelentes y excelsos, los grandes, deben estar en la cúspide o constituyendo la élite dominante. Según las épocas, la justificación de la excelencia se asocia a unas cosas u a otras: desde los comienzos, la fuerza física fue una de las cualidades principales de la dominación ('hercúleo' viene de Hércules); la otra gran cualidad superior, la capacidad para forjar el engaño, también está desde los mismos orígenes: el montaje artificial y sus efectos especiales, lo que hoy eufemísticamente se llama 'inteligencia artificial' (eufemismo de la dominación totalitaria fascista).

La capacidad de entendimiento humano, la verdadera y básica cualidad humana, en cambio no nos segrega en castas superiores o inferiores, es universal, y pese a la gran diversidad del género humano, nos hace a todos y a todas iguales, en cuanto a nuestra condición y facultades básicas, y promociona la fraternidad y la sororidad humana.


4.- La reivindicación de las cualidades básicas in-formacionales del ser humano como única esperanza


La gente de mi generación crecimos preocupada por la injusticia y la desigualdad social: la situación de la mujer, tanta gente pobre malviviendo, conviviendo y sirviendo a la gente rica, la explotación del capitalismo, el imperialismo con sus guerras y la devastación de zonas enteras del mundo, etc.etc. Pero no nos preocupaba la supervivencia de la humanidad. Lo tomábamos como un hecho incondicional y definitivo. A pesar de la lacra de las desigualdades, de la pobreza, de la injusticia y de la guerra no sentíamos peligrar la existencia de la humanidad en nuestro planeta. No supimos ver que la civilización que había conducido a semejante situación tenía una componente suicida (biocida en general).

Hoy la preocupación ya no es la condición de la mujer, la pobreza o la guerra, sino la supervivencia de la humanidad, aunque por supuesto, todo está relacionado y causado por lo mismo. Quizá los ricos o la gente de derechas que siempre ha estado del lado de los poderosos, debieran también empezar a preocuparse y a cuestionar la civilización de la dominación.
Creímos haber visto toda la perversidad del monstruo de la dominación totalitaria en la primera mitad del siglo pasado, pero también nos equivocamos: el segundo Holocausto que se encadenó tras el aparente final de la II Guerra Mundial, invisible y selectivo, está siendo mucho más perverso y exterminador que el primero.

Es fácil entender el fin por los medios que se están empleando. Entre fin y medios, en este caso no es que haya una correspondencia, si no que hay una identificación, porque los medios ahora son ya el fin mismo. Es una progresiva congelación del sistema libidinal y de la capacidad de entendimiento humano, y su sustitución por las estructuras de la dominación que llevan incorporado el sistema de exterminio.

Decía Cervantes que No hay mayor ni más sotil ladrón que el doméstico; y así, mueren más de los confiados que de los recatados; pero el daño está en que es imposible que puedan pasar bien las gentes del mundo, si no se fía y se confía (24).

En esta citan se condensa lo que he tratado de exponer en este texto: es imposible que puedan pasar bien las gentes del mundo, si no se fía y se confía, es decir, si no vivimos según nuestra capacidad de entendimiento; y también la paradójica conclusión a la que llegamos, puesto que mueren más de los confiados que de los recatados.

Y digo paradójica, porque si es cierto que morimos más l@s confiad@s que l@s mentiros@s, ¿qué es lo que podemos hacer? Es una verdadera paradoja, porque ciertamente quienes fiamos y confiamos caemos como moscas y el cinismo, en cambio, es el sinónimo de la prosperidad. La política se me escapa, me resulta imposible. Respeto y entiendo a la gente que se dedica a la política; creo que hay que hacerla, que hay que luchar por regular y tratar de reducir las prácticas fratricidas, la guerra, los desmanes, el saqueo. Pero deberíamos de tener una política que se dedicase a 'explotar nuestros yacimientos energéticos '. Si la hipótesis sobre la capacidad de entendimiento humano es cierta, tenemos a nuestra disposición una fuente inagotable de energía para salvarnos. Otra cosa es cómo aprovecharla ahora, estando como está anegada, cómo hacer que mane el agua otra vez de la fuente. Algo y de modo urgente tenemos que hacer para promocionar nuestras cualidades que están ahí, no en contra si no a la vez que se hace política de regulación de la dominación.

Por otra parte, estoy convencida de que el desarrollo de nuestras cualidades humanas no sería cosa muy difícil si tan sólo hubiera noción de ellas. Hay desde luego una gente que tiene perfecta noción de las cualidades del ser humano: la que sabe lo que tiene que hacer para corromperlas (25). Tanto Juan Merelo-Barberá como Chimo Fernández de Castro (26), dos estudiosos de la historia de la sexualidad humana, coincidían en señalar que quien más sabía de la sexualidad era la Iglesia Católica. Pero creo que la inmensa mayoría no tiene noción de las cualidades y de la bondad innata del ser humano (el dogma conceptual básico en el inconsciente colectivo). Y lo digo porque si la gente tuviera noción de ello no daría el trato que da a sus hij@s; si tuviera noción de sus cualidades, en lugar de darles órdenes y ponerles límites, les facilitaría los medios para la expansión de sus deseos y de sus vidas; si tan sólo supiera de que están hech@s sus hij@s; porque las órdenes y los estrictos límites de la infancia de hoy, en el asfixiante marco de la familia nuclear, no sirven para desarrollar sus cualidades in-formacionales básicas, sino para modelarles como consumidores y esclavos de la nueva sociedad orwelliana. Creo que la gente no sabe lo que es una criatura humana y por eso se dedica a desvitalizarla. Y tampoco sabe, claro está, que sustrayendo la vitalidad de sus hij@s está forjando el diseño artificial de la dominación fascista.

Quiero decir con esto, que si se pudiera borrar la acción simbólica de 'el dogma conceptual original', tendríamos más de la mitad del camino recorrido para borrar del mapa a la dominación.

La declaración de 1985 del grupo de científicos bajo patrocinio de la UNESCO que he mencionado (8), puede que sea uno de los textos de trascendencia política más importante que se hayan escrito, porque es de los pocos que traspasa el dogma del fratricidio y del tánatos innato, y va en el sentido de recuperar la noción de lo que es el ser humano; apunta a nuestras capacidades y facultades básicas in-formacionales, y a la posibilidad de una convivencia humana que descanse en lo que realmente somos. Creo que la única esperanza y la única fuerza capaz de evitar nuestra extinción como especie es que la reivindicación de la condición humana se convierta en un gran sunami que se trague la voluntad y la capacidad de dominio. No creo que haya ninguna otra fuerza capaz de vencer al monstruo. Y por eso no creo que sea suficiente hacer políticas de regulación de la dominación, o tratar de ponerle límites como los del reconocimiento de los derechos humanos. Hacen falta políticas de expansión de las cualidades humanas, no sólo políticas de límites de la dominación.
No se trata de reivindicar valores o principios éticos, sino las cualidades de nuestra condición humana.

Donostia, noviembre 2009


Notas:

(Escrito fuera de mi lugar habitual de trabajo, no tengo a mano las fuentes que cito y doy las referencias de memoria)
(*) Uno de los efectos más perversos de la sociedad de la publicidad y del consumo es el machaque de la diversidad del gusto y del deseo humano: la dominación siempre necesita uniformar los objetos de su dominación, siempre la misma decoración de las casas, las mismas modas, la misma sonrisa en las máscaras de cartón piedra; en cambio la vida hace cada huella dactilar, el óvalo de cada cara, el matiz de cada sentimiento, y el deseo en cada beso, diferentes.

(1) Referido por Jesús Ibáñez en El Regreso del Sujeto, ed. Siglo XXI
(2) Ensayo sobre los dones. Motivo y forma de intercambio en las sociedades primitivas, en 'Sociología y Antropología, Taurus, 1981.
(3) Best, E., Maori Forest Lore. Part III, en Transactions of the New Zealand Institute, 42, pp. 433-448)
(4) Maturana y Varela, citados en el capítulo 1 de El Asalto al Hades
(5) Desde La Represión del deseo materno publicada en 1996, etc.
(6) Desde la polémica entre Darwin y Kropotkin; polémica que por cierto, al menos situaba las cosas, enfrentando vida y dominación. Hoy, arrumbada la simbiogénesis como fenomenología imprescindible en la evolución de las formas de vida (Margulis/sagan), se nos presenta una falsa polémica entre dos corrientes que explican la evolución, el darwinismo y el creacionismo; pero ambas son las dos caras de una misma mentira que encubre la fenomenología de la vida, la falsificación del verdadero debate para que no se descubra la verdad de la vida y de su evolución: ni los fanáticos con su Dios creador todopoderoso, ni los cínicos con su capacidad para la violencia y la dominación pueden explicar la vida; la supervivencia de los más fuertes es una verdad relativa que se descontextualiza para ocultar que lo originario y básico de la vida son los procesos simbióticos, es decir, el apoyo mutuo (ver capítulo 1 de El Asalto al Hades y el artículo: La función orgánica y social de la sexualidad).
(7) Prescott , Body pleasure and the originis of violence, Bulletin of the Atomist Scientist, nov. 1975
(8) Esta declaración se puede descolgar en sites.google.com/site/recuperartextos).
(9) Sobre las aportaciones de la neurología al origen de la violencia, se puede ver lo que recogí en la ponencia: La represión del deseo materno y el matricidio a la luz de la neurología… Jaca 2006
(10) Bachofen, Cervantes, Colón… citados y más extensamente tratado en el capítulo 1 de La sexualidad y el funcionamiento de la dominación; en el capítulo 2 de El Asalto al Hades, y también en el epílogo de La represión del deseo materno.
(11) La obra del neurólogo francés Henri Laborit (L'inhibition de l'action, La nouvelle grille, etc.) es una explicación del proceso neurológico patológico que subyace a la dominación. También Bergman (Restoring the original paradigm y ponencia Jornadas Paris 2005) explica, citando varios estudios, 'el impacto de por vida' que la separación de la madre del bebé produce en el sistema neurológico en formación. Hay un texto de Laborit publicado por la Unesco sobre el origen de la violencia que se puede descargar en la web de la Unesco; el documental y la ponencia de Bergman se pueden descargar en : sites.google.com/site/rescatandotextos
(12) Recogido en Schore etc., también citados por Bergman.
(13) Nikolas Platon y Jordi Pigem
(14) Creo que también en Ibáñez, El Regreso del Sujeto
(15) Ernest Borneman acuñó el concepto de matrística para las formaciones sociales prepatriarcales, criticando el uso de 'matriarcado' que etimológicamente significa 'poder de las madres'.
(16) La esvástica es un símbolo clave de la dominación, que nos remonta a la devastación originaria de la sexualidad; la esvástica surge al cambiar el significado de las dobles espirales cruzadas que representaban los meridianos de placer (en la época previa a la dominación y al tabú de sexo, el placer fue objeto principal del arte prepatriarcal (ver el Asalto al Hades y Pariremos con placer)), por la representación del Sol en movimiento que sería la esvática girando. Los símbolos más arraigados de la matrística, que no podían ser masivamente eliminados del inconsciente colectivo, cambiaron su significado, lo que sucedió con las dobles espirales, que se transformó en el símbolo del sol, cuando éste se eligió como símbolo de la dominación masculina, y con la serpiente, que se convirtió en monstruo y en demonio. En el caso de las dobles espirales se cambia el contenido del 'bien', y en el caso de la serpiente, se cambia el 'bien' que representa por el 'mal'.
(17) Explicado por Javier de Hoz en su introducción a la edición de Austral de La Iliada.
(18) La civilización de la Vieja Europa, según Marija Gimbutas, se extiende desde el octavo milenio antes de Cristo hasta su hundimiento que comienza a partir del tercer milenio con las últimas oleadas de las invasiones indoeuropeas. Ver capítulo II de El Asalto al Hades, en el que hago un resumen de la misma.
(19) Los estudios antropológicos de los cazadores-recolectores realizados en el siglo pasado están recogidos en la obra de John Zerzan El futuro primitivo.
(20) El cáliz y la espada, Riane Eisler
(21) Amparo Moreno, El arquetipo viril protagonista de la Historia, (La sal Ed. Des dones) y La 'otra' política de Aristóteles (Ed, Icaria).
(22) Este simposium se realizó en el contexto del Congreso de la Central States Anthropological Society, en Lexington, Kentucky. Participaron Messenger, Milton Altschuler, Gebhard, Donald Marshall, Harold Schneider y Robert Suggs. Las conclusiones fueron recogidas por The Institute for Sex Research de la Universidad de Indiana (el Instituto Kinsey). Referido por Ernest Borneman en la introducción de su libro: El Patriarcado.
(23) La distinción entre jerarquía y sinergia, la forma de organización de la vida, la he explicado con más detenimiento en el capítulo 1 de El Asalto al Hades, y en el artículo La función orgánica y social de la sexualidad ( www.casildarodriganez.org y sites.google.com/site/casildarodriganez.)
(24) Doy las gracias a Antonio Orejudo por esta cita de Cervantes en su columna El fin del mundo está cerca, publicada en El Público (octubre 2009).
(25) por ejemplo, sabe algo que casi nadie sabe, que el vínculo consanguíneo más fuerte e importante desde el punto de vista de la organización social natural, es el de madre-hija, el principio de la comadrería y de la urdimbre, la que hace raigambre y produce la consistencia del ser humano.
(26) Chimo Fernández Castro, La otra historia de la sexualidad, Martínez Roca, Barcelona, 1990.


 
 
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