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Fitoncidas - el poder de los árboles

por Dr. Qing Li
Capítulo extraido del libro 'El poder del bosque - Shinrin-yoku'

¿Qué es lo que tienen los árboles que crean este efecto? ¿Cómo lo hacen exactamente?
Sabía que nuestros cinco sentidos desempeñan un papel crucial en los efectos sanadores de los baños de bosque: las imágenes, los sonidos, los sabores y el tacto del bosque tienen un potente impacto en nuestro bienestar. Pero quizás el más potente de todos sea el sentido del olfato.
¿Podría ser que respirar la aromaterapia natural del bosque (las sustancias químicas de las plantas, conocidas como fitoncidas) fuera lo que estuviera propiciando este enorme impulso al sistema inmunitario?
Tardé mucho tiempo en descubrir la respuesta. Pero primero déjame que te explique lo que es un fitoncida.



Además de tener una concentración de oxígeno mayor, el aire del bosque también está lleno de fitoncidas. Los fitoncidas son los aceites naturales de las plantas, que forman parte del sistema de defensa del árbol. Los árboles segregan fitoncidas para protegerse de las bacterias, de los insectos y de los hongos. Phyton en latín quiere decir «planta», y cida es «matar». Los fitoncidas también forman parte de la red de comunicación entre los árboles, el modo en que los árboles se hablan entre sí. La concentración de fitoncidas en el aire depende de la temperatura y de otros cambios que tienen lugar a lo largo del año.
Cuanto más calor hace, más fitoncidas hay en el aire. La concentración de fitoncidas alcanza su máximo cuando se alcanzan temperaturas de unos treinta grados.

Los fitoncidas varían de una especie de árbol a otro, y pueden tener olores muy específicos. Uno de los olores más familiares en Japón es el del ciprés hinoki (Chamaecyparis obtusa). Para muchos japoneses es un olor que despierta sentimientos y evoca recuerdos, porque es la madera que usamos para construir nuestros santuarios, nuestras casas e incluso nuestras bañeras.
Los árboles de hoja perenne, como pinos, cedros, abetos y otras coníferas, son los mayores productores de fitoncidas. Analizaremos más a fondo los olores del bosque en el capítulo siguiente. De momento, baste explicar que los principales componentes de los
fitoncidas son los terpenos. Eso es lo que olemos cuando hacemos shinrin-yoku en el bosque.

Los principales terpenos son estos:

  • D-limoneno: que huele, efectivamente, a limón
  • Alfa-pineno: es el terpeno más habitual en la naturaleza y tiene un aroma muy fresco, a pino
  • Beta-pineno: huele más a hierba, como la albahaca o el eneldo
  • Canfeno: que tiene un olor a trementina o a resina

El alfa-pineno, el beta-pineno y el D-limoneno son los fitoncidas que medimos en los bosques cuando realicé los estudios sobre el estado de ánimo con el cuestionario POMS. Ya sabíamos que la exposición a los aceites esenciales combatía la depresión y ayudaba a superar la ansiedad, así que parecía evidente que los fitoncidas del aire debían tener que ver con que los sujetos de mi estudio se sintieran mejor y más relajados tras los baños de bosque. Pero no se habían realizado estudios sobre el efecto de los fitoncidas sobre la función de las células NK. Así que decidí investigarlo.
En mi primer experimento, incubé células NK humanas con fitoncidas durante cinco días. Estos son los aceites esenciales de madera que usé:

  • Aceite de las hojas de Chamaecyparis (hinoki)
  • Aceite del tronco de Chamaecyparis (hinoki)
  • Aceite del tronco de Crytoperia (cedro japonés)
  • Aceite del tronco de cedro blanco (hiba)
  • Aceite del tronco de Chamaecyparis taiwanensis
  • Alfa-pineno, 1.8-cineol y D-limoneno

Tras cinco, seis o siete días de incubación, los resultados mostraron que tanto la actividad de las células NK como la presencia de proteínas anticancerígenas (perforina, granzima A y granulisina) habían aumentado.

Lo siguiente que había que hacer era poner a prueba el efecto de los fitoncidas sobre la función inmunitaria en las personas. Esta vez, alojé a doce hombres sanos de mediana edad en un hotel de Tokio durante tres noches; vaporicé aceite de tronco de hinoki en sus habitaciones
mientras dormían.

De todos los fitoncidas, el olor del hinoki es el que más me gusta. Para mí es un olor nostálgico, que me recuerda muchas ocasiones felices. A los participantes les dejé escoger entre los diferentes aceites esenciales, pero todos escogieron el hinoki (¡como habría hecho yo!).
Durante el invierno, vaporizo aceite esencial de hinoki con un humidificador en mi habitación cada día, por su efecto saludable.
Durante el verano, suelo poner un frasco de aceite de hinoki en mi habitación para aromatizarla.

Pero volvamos al experimento: todos los hombres se acostaron a las 23.00 y durante el día trabajaron normalmente. Para asegurarme de que no había factores extraños, durante el estudio limitamos la actividad física a la distancia que solían caminar durante un día normal de trabajo. También medimos la concentración de fitoncidas en el aire de las habitaciones del hotel.

Los resultados demostraron que la exposición a los fitoncidas:
Aumentaba significativamente el recuento de células NK y su actividad, además de potenciar la actividad de las proteínas
anticancerígenas
- Reducía significativamente los niveles de hormonas del estrés.
- Aumentaba las horas de sueño
- Reducía los marcadores de tensión-ansiedad, ira-hostilidad y fatiga-confusión
Otros investigadores han demostrado que los fitoncidas pueden:
- Estimular el buen humor
- Rebajar significativamente la tensión arterial y la frecuencia cardiaca
- Aumentar la variabilidad de la frecuencia cardiaca
- Anular la actividad del sistema nervioso simpático y aumentar la del parasimpático, equilibrando el sistema nervioso y propiciando un estado de bienestar y relajación

De hecho, un estudio del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Mie, en Japón, ha demostrado que la fragancia cítrica del fitoncida D-limoneno es más efectiva que los antidepresivos para potenciar el buen humor y asegurar el bienestar emocional en pacientes con trastornos mentales.

Un ejemplo de la capacidad que tienen los aceites esenciales para reducir el estrés fue la demostración que hicieron dos enfermeras que trabajaban en el Departamento de Urgencias del centro médico de la Universidad Vanderbilt. Tanto ellas como sus colegas experimentaban altos niveles de estrés y fatiga frecuentemente. Ambas enfermeras habían usado aceites esenciales en casa para gestionar el estrés y el agotamiento. Entonces se preguntaron qué efecto obtendrían
vaporizando aquellos aceites por todo el departamento. Se creó un comité de bienestar para que diera la aprobación al estudio y para asegurarse de que el experimento se ajustaba a la normativa del hospital, para cerciorarse de que no interferiría con el nivel de atención médica que esperaban recibir los pacientes.

Los resultados demostraron el enorme impacto que puede tener vaporizar aceites en un entorno de trabajo tenso. Antes del uso de los aceites esenciales, el 41 por ciento del personal manifestaba sentir tensión relacionada con el trabajo con mucha frecuencia. Tras la vaporización de los aceites en el departamento, el índice bajó al tres por ciento. Antes del uso de los aceites esenciales, el 13 por ciento del personal manifestaba que se sentía bien equipado para gestionar las
situaciones de estrés del trabajo. Después, la cifra aumentó hasta el 58 por ciento. Los niveles de energía aumentaron del 33 al 77 por ciento.
Al final del estudio, el 84 por ciento del personal estaba «muy de acuerdo» en que la vaporización de aceites esenciales contribuía a
crear un ambiente de trabajo más positivo.

La declaración de objetivos del comité de bienestar listó sesenta y ocho hospitales y otras instituciones de todo Estados Unidos que ya habían empleado aceites esenciales; observó que el Harris Methodist Hospital de Fort Worth, en Texas, usa treinta y tres tipos diferentes de aceites esenciales procedentes de su propia farmacia.

Las enfermeras dijeron: «Imaginad las posibilidades que se abren si los aceites esenciales pueden ejercer este tipo de impacto en el trabajo, cambiando incluso la percepción que tiene cada uno de su estrés y sus niveles de energía».
¡Ya querrían las empresas farmacéuticas disponer de una píldora que tuviera este poder!

 

 

 

 

 
 
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