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Herejías y herejes de nuestro tiempo


Textos originales:

psicologia-online.com
ujaen.e

 

Teoría de la indefensión aprendida de Seligman

Efectos básicos.
Overmaier y Seligman (1967) demostraron que perros expuestos a shocks eléctricos inescapables e inevitables en una situación fracasaban después en aprender a escapar de shocks en una situación diferente dónde sí era posible escapar, y por tanto evitar los shocks. Después, Seligman y Maier (1967) demostraron que este efecto de deterioro del aprendizaje de la respuesta de escape-evitación era debido a la incontrolabilidad de los shocks originales utilizando un diseño experimental denominado diseño triádico. Tal diseño permite aislar los efectos producidos por consecuencias incontrolables de los efectos de controlabilidad.
El diseño triádico implica a tres grupos de sujetos (Escapable, Inescapable y Control), que son sometidos a dos fases: En la primera fase (Pretratamiento), los sujetos del Grupo Escapable son expuestos a consecuencias aversivas que pueden ser controladas por alguna respuesta voluntaria del sujeto, es decir, el reforzamiento es contingente a la respuesta del sujeto. El Grupo Inescapable, o "acoplado" al Escapable, es expuesto a las mismas consecuencias, en cuanto a intensidad y duración que su contraparte del Grupo Escapable, pero no hay ninguna respuesta que pueda emitir el sujeto para controlar las consecuencias, éstas son incontrolables para los sujetos, ya que el reforzamiento no es contingente con la respuesta del sujeto. Los sujetos del Grupo Control no pasan por esta fase de pretratamiento.
En la segunda fase (Prueba), todos los sujetos son expuestos a una tarea de prueba en las que las consecuencias están relacionadas contingentemente con alguna respuesta de los sujetos, por lo que las consecuencias son controlables para todos los sujetos.
El fenómeno de Indefensión Aprendida se verifica si los sujetos del grupo Inescapable (incontrolable) muestran déficit en la respuesta de escape-evitación en la fase de prueba si se les compara con los otros dos grupos. El fenómeno de la Indefensión Aprendida postula que los organismos expuestos a una situación de incontrolabilidad, muestran posteriormente déficit en el aprendizaje de respuestas de éxito.
Este fenómeno también ha sido estudiado y demostrado en situaciones en las que las consecuencias eran apetitivas (comida); y además se ha demostrado que el efecto es generalizable a través de distintos reforzadores (ver Maier y Seligman, 1976; Overmier y cols., 1980 para una revisión). El seres humanos también se ha verificado el efecto (Hiroto, 1974; Hiroto y Seligman, 1975).
El fenómeno de la Indefensión Aprendida se manifiesta a través de tres déficits:
· A nivel motivacional, se observa un retraso en la iniciación de respuestas voluntarias. Si un organismo espera que sus respuestas no afecten a las consecuencias, la probabilidad de emitir tales respuestas disminuirá en el futuro.
· A nivel cognitivo, se da una dificultad en aprender posteriormente que una respuesta controla una consecuencia, cuando previamente no la ha controlado. Aprender que una consecuencia no está relacionada con sus respuestas interfiere proactivamente con el aprendizaje futuro de que la consecuencia es ahora dependiente de sus respuestas.
· Finalmente, a nivel emocional, cuando las consecuencias durante la fase de pre-tratamiento son suficientemente aversivas, se producen una serie de desórdenes conductuales y fisiológicos característicos de un estado de ansiedad y miedo seguido de depresión.
Además de estos déficit pueden encontrarse también una serie de efectos que siguen a la exposición a shocks incontrolables:

* Reducción de la agresividad y competitividad en un avariedad de situaciones (Rappaport y Maier, 1978; Willians, 1982).
* Condicionamiento de altos niveles de miedo a estímulos neutrales apareados al shock (Desiderato y Newman, 1971; Mineka y cols, 1984).
* Incremento de los síntomas del estrés, como es el caso de las úlceras (Weiss, 1971; 1977).
* Alteraciones de los niveles de cortisol y de neurotransmisores, tal como el caso de la norepinefrina (Weiss y cols, 1976; Anisman y cols, 1981).
* Incremento en la susceptibilidad a contraer varias clases de cánceres (Sklar y Anisman, 1981).
El efecto de la indefensión puede ser anulado, si a los sujetos se les somete previamente a un aprendizaje de escape exitoso, en el que los sujetos pueden escapar de un shock mediante una respuesta de escape, es decir , si se les "inmuniza" contra la indefensión. Seligman y Maier (1967), así lo demostraron y postularon que la experiencia previa de controlabilidad prevenía el posible aprendizaje de incontrolabilidad posterior. Este efecto ha sido posteriormente ampiamente estudiado, fundamentalmente, en humanos (Jones, y cols., 1977; Prindaville y Stein, 1978; Maldonado, Ramirez y Martos, 1992).

www4.ujaen.es/~rmartos/IA.PDF

 

Seligman estudió los efectos que producían en animales una serie de choques eléctricos inescapables. Desarrollaban un patrón de conductas y de cambios neuroquímicos semejantes a los de la depresión, fenómeno que nombró como desamparo o indefensión aprendida. Dice que estas conductas se desarrollan sólo cuando el animal no tiene esperanza de poder controlar nunca la situación aversiva. Aplicó este modelo a la conducta humana y postuló la pérdida percibida de control del ambiente o expectativa de incontrolabilidad.

Esta expectativa de incontrolabilidad es fruto de una historia de fracasos en el manejo de las situaciones y una historia de reforzamientos sobre una base no contingente que no ha permitido que el sujeto aprenda las complejas aptitudes necesarias para controlar el ambiente. La teoría podría considerarse un buen modelo de síntomas depresivos, pero no del síndrome de la depresión humana.

La teoría reformulada de la indefensión aprendida ABRAMSON, Seligman y Teasdale señalaron 4 problemas de la teoría de 1975:
1) no explicaba la baja autoestima de la depresión,
2) no explicaba la autoinculpación de los depresivos,
3) no explicaba la cronicidad y generalidad de los síntomas y
4) no daba una explicación válida del estado de ánimo deprimido como síntoma de la depresión.

Postularon que la exposición a situaciones incontrolables no basta por sí misma para desencadenar reacciones depresivas. Al experimentar una situación incontrolable las personas intentan darse una explicación sobre la causa de la incontrolabilidad. Si la explicación se atribuye a factores internos se produce un descenso de la autoestima. Si se atribuye a factores estables provocaría expectativa de incontrolabilidad en situaciones futuras, y en consecuencia los déficit depresivos se extenderían en el tiempo. Si se atribuye a factores globales provocaría la expectativa de incontrolabilidad en otras situaciones y la generalización a otras situaciones.

La internalidad, estabilidad y globalidad explicarían los 3 primeros problemas, pero no el cuarto. Postularon un factor motivacional: la depresión sólo ocurriría si la expectativa de incontrolabilidad se refería a la pérdida de control de un suceso altamente deseable o a la ocurrencia de un hecho altamente aversivo. Señalaron la presencia de una factor de vulnerabilidad cognitiva a la depresión: el estilo atribucional depresógeno (tendencia atribuir los sucesos incontrolables y aversivos a factores internos, estables y globales).
La teoría de la desesperanza

ABRAMSON y colbs llevaron a cabo una revisión de la teoría de 1978 para resolver sus 3 principales deficiencias: 1) no presenta una teoría explícitamente articulada de la depresión,
2) no incorpora los hallazgos de la psicopatología descriptiva acerca de la heterogeneidad de la depresión y
3) no incorpora los descubrimientos obtenidos por la psicología social, de la personalidad y cognitiva.

Para resolver la segunda deficiencia, la teoría de la desesperanza postula una nueva categoría nosológica: la depresión por desesperanza. La causa para que aparezca este tipo de depresión es la desesperanza: expectativa negativa acerca de la ocurrencia de un suceso valorado como importante unida a un sentimiento de indefensión sobre la posibilidad de cambiar la probabilidad de ocurrencia de ese suceso.

Para resolver la primera deficiencia, la teoría se explicita como un modelo de diátesis-estrés y especifica causas distantes y próximas que incrementan la probabilidad de depresión y que culminan en la desesperanza. Aquí no se habla de "sucesos incontrolables" sino de "sucesos vitales negativos". Cuando los sucesos vitales negativos se atribuyen a factores estables y globales y se ven como importantes, la posibilidad de depresión por desesperanza es mayor. Si además interviene la internalidad, la desesperanza puede acompañarse de baja autoestima. La globalidad y estabilidad determinarían el alcance de la desesperanza. Una atribución más estable pero específica llevaría a un "pesimismo circunscrito".

Para solventar la tercera deficiencia rescataron de la psicología social la información situacional a la hora de determinar el tipo de atribuciones que las personas hacen. La información situacional que sugiere que un suceso negativo es de bajo consenso/alto en consistencia/bajo en distintividad, favorece una explicación atribucional que conduce a la desesperanza.

Además de la información situacional, el poseer o no un estilo atribucional depresógeno, contribuye como un factor de vulnerabilidad. En la teoría de la desesperanza no se requiere que ninguno de los elementos distantes del modelo (estrés, estilo atribucional), esté presente para desencadenar la cadena causal depresiva. Esta puede activarse por unos elementos o por otros. La desesperanza es el único elemento que se requiere para la aparición de los síntomas de la depresión por desesperanza.

Una adición a la teoría de 1978 es que las conclusiones a las que una persona llegue sobre las consecuencias de un suceso bastan para provocar una situación de desesperanza a pesar de que se hiciese una atribución externa, inestable y específica. Ej: suspender la última convocatoria de una asignatura debido a la existencia de ruidos y distracciones en el aula.

La teoría no incluye síntomas del tipo de los errores de Beck: se ha descubierto que los depresivos pudieran ser más precisos en su visión de la realidad que los no deprimidos, lo que se conoce como realismo depresivo. El punto más diferenciador entre la teoría de Beck y la de la desesperanza es el énfasis de la última en los procesos atribucionales. Se plantean posibles mecanismos de "inmunización" (poseer un estilo atribucional específico e inestable). Los procesos atribucionales negativos son procesos sesgados pero no necesariamente distorsionados. En la teoría de Beck la desesperanza no es un elemento causal central, sino simplemente uno de los síntomas de la tríada cognitiva negativa.


La teoría de los estilos de respuesta

Nolen Hoehsema propone que aquellas personas que presentan respuestas rumiativas sufrirán durante más tiempo y con mayor intensidad los síntomas depresivos que las que sean capaces de distraerse de los mismos.

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