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CIENCIA > TERAPÉUTICA DE LA OSCILACIÓN CELULAR

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Laberintos

Herejías y herejes de nuestro tiempo


Terapéutica de la oscilación celular

Capítulo 10 del libro El secreto de la Vida
por Georges Lakhovsky

Hemos visto en los capítulos anteriores que todo organismo vivo, animal o vegetal, puede asimilarse a un sistema de circuitos oscilantes a una frecuencia elevadísima, por estar constituido por células todas las cuales son osciladores elementales.
Ya toe indicado la naturaleza de la radiación de los seres vivos, y cómo las ondas reaccionan sobre estos organismos. En particular, be hecho ver cuál es el papel de la radiación cósmica y cómo queda influída por diversos fenómenos físicos, como la conductibilidad del suelo y el efecto de la radiación astral, que provoca interferencias.

Todos los trabajos que he realizado parecen confirmar que las enfermedades son desequilibrios oscilatorios causados por la álteración del campo de las ondas cósmicas, como resultado de interferencias con un campo secundario en la superficie del terreno o una radiación astral (solar, lunar), o bien, lo que viene a ser igual, de la alteración de las constantes eléctricas de la célula viva.
Así es como be llegado a imaginar una nueva terapéutica, cuyo objeto es restablecer pura y simplemente el equilibrio vibratorio celular alterado por la enfermedad. Puede obrarse, según los casos, ya directamente sobre el organismo enfermo por medio de biomagnomóviles, es decir, substancias que restituyan a la célula las constantes eléctricas y magnéticas convenientes (capacidad, autoinducción y resistencia del circuito oscilante del núcleo), ya indirectamente, modificando alrededor del enfermo el campo de las ondas cósmicas por medio de colectores de ondas y filtros eléctricos apropiados.

Esta acción tiene por objeto regularizar el campo eléctrico y magnético en el interior de los tejidos orgánicos, sobre todo reconstituyendo los ásteres positivos y negativos de cada núcleo de la célula y drenando estos biomagnomóviles por su oscilación de una parte a otra. En efecto, sabemos que el campo magnético es debido al movimiento rotativo de los electrones, que es un caso particular de oscilación.
Mis estudios sobre el cáncer me han llevado a la conclusión de que esta terrible enfermedad no aparece en las localidades donde los organismos vivos están en armonía, es decir, en equilibrio vibratorio, con el suelo en que viven, como be demostrado antes.

Es, pues, muy verosímil que haya aquí un principio universal que podría aplicarse en terapéutica. Más que de terapéutica, es un principio de higiene general.
En mi obra Contribution á l'étioloffie du cancer he afirmado que se reunían condiciones favorables cuando los habitantes beben el agua que proviene de las profundidades del suelo que habitan. Estoy convencido de que si todos pudieran alimentarse exclusivamente de frutas y legumbres recogidas en el jardín que rodeara su casa y beber y utilizar para la alimentación el agua tomada de un pozo abierto cerca de esta casa, el cáncer y la mayor parte de las enfermedades llegarían a ser insignificantes. ¿No estamos viendo constantemente aldeanos que llegan a centenarios a pesar de las deplorables condiciones de higiene en que viven? Puede explicarse esta longevidad por el hecho de que estos aldeanos no tienen agua traída por canalización ni van al mercado a comprar sus alimentos.
El inconveniente de las conducciones de agua podría subsanarse en las ciudades con la horadación de pozos artesianos, como los que existen en el mismo París, en la plaza de Lamartine, avenida de Breteuil y Bois de Boulogne. En cuanto al nuevo pozo artesiano de la calle de Blomet, sería preferible utilizar su agua para el consumo de la calle a emplearla para alimentar una piscina.
Cuando las condiciones de habitabilidad son excepcionalmente malas y variables, se pueden restablecer las constantes eléctricas de la célula, o mejor dicho, armonizarlas por medio de substancias apropiadas con la naturaleza física y química del terreno sobre el que vive el sujeto. Estas substancias podrían introducirse en el cuerpo por inyecciones hipodérmicas, aunque mejor sería absorberlas por vía bucal.

También podría, durante la noche, unirse al sujeto con el suelo por medio de una toma de tierra apropiada, y durante el día, colocar en la suela o en el talón del zapato una pieza metálica que, atravesando el calzado, pusiera al pie en comunicación eléctrica con el suelo.

En la mayor parte de los casos parece más racional y eficaz actuar eléctricamente por filtración del campo de las ondas cósmicas alrededor del sujeto.
He preconizado el empleo de colectores de ondas especiales, como las antenas metálicas tendidas en el interior de las habitaciones o en el exterior de las casas, tomas de tierra, cuadros, alfombras de tela metálica y, sobre todo, circuitos oscilantes apropiados.

Además, esta filtración sistemática de las radiaciones cósmicas efectuada por los circuitos oscilantes se produce de un modo natural por las radiaciones de mayor longitud de onda, como los rayos luminosos, rayos X y ultravioletas y emanaciones de radio. He ahí explicado el éxito de ciertas curas de helioterapia, actinoterapia y radioterapia. Los que practican empíricamente estos tratamientos filtran las ondas cósmicas sin saberlo, exactamente como M. Jourdain hacia prosa.

Los trabajos experimentales que he realizado me han confirmado el fundamento de esta hipótesis. En el capítulo VI he citado mis ensayos de terapéutica del cáncer experimental de las plantas. Recuérdese que los geranios inoculados con el bacterium tumefaciens y tratados luego por la radiación de mi radio-célulo-oscilador, han podido curarse al cabo de unas cuantas sesiones.

Después he demostrado que la enfermedad se desarrolla a favor del desequilibrio oscilatorio producido por el exceso de ondas cósmicas. Las ondas muy cortas producidas por mi radio-célulo-oscilador dan un valor conveniente al campo de la radiación cósmica por interferencia, como ocurre con los rayos luminosos, aclínicos y radioactivos.

En el capítulo VII he indicado cómo operé la misma cura de los geranios suprimiendo el radio-célulo-oscilador e instalando simplemente una espira de cobre aislado alrededor de los sujetos en cuestión. Esta espira presenta la forma más sencilla y general del circuito oscilante que he preconizado para la filtración de los ondas cósmicas en el tratamiento de enfermedades y en la lucha contra el cáncer.

Los resultados obtenidos en el tratamiento de estas plantas por medio del circuito oscilante han sobrepasado mis esperanzas. El profesor M. D’Arsonval presentó el 2 de abril de 1928 en la Academia de Ciencias una comunicación muy categórica de la que daré un breve resumen. El profesor recordó que a principios de enero de 1925 babía yo dispuesto un circuito oscilante constituido por una espira de cobre desnudo aislada en el aire y mantenida por un soporte de ebonita alrededor de cualquiera de los geranios inoculados del cáncer el 4 de diciembre de 1924. El 30 de enero de 1925, había yo dispuesto un circuito oscilante constituido por una espira de cobre desnudo aislada en el aire y mantenida por un soporte de ebonita alrededor de cualquiera de los geranios inoculados del cáncer el 4 de diciembre de 1924. El 30 de enero de 1925, el tumor se desarrollaba normalmente; pero la planta continuaba creciendo sin deteriorarse, mientras que las no tratadas habían muerto a consecuencia del tumor. A fines de febrero de 1925, la planta estaba curada y el tumor se había desprendido, muerto. El 23 de marzo de 1928 se obtuvo una fotografía de la misma planta, siempre rodeada de su circuito oscilante. La comparación de las fotografías del 30 de enero de (925 y del 23 de marzo de 1928, reducidas a la misma escala, permite darse cuenta del anormal desarrollo del ejemplar, que en tres años ha decuplicado su tamaño, midiendo en la última fecha 1,40 metros de altura.
En plena actividad, este Pelargonium florece durante todo el invierno y es muy robusto. No se olvide que los tumores del Bacterium tumefaciens provocan ordinanamente la caquexia y la muerte, aun después de la extirpación quirúrgica.
A raíz de este primer ensayo, numerosos investigadores han proseguido las experiencias ajustándose a mis métodos. M. Labargerie ha obtenido grandes éxitos en la Escuela de Agricultura de Montpellier; los trabajos se han practicado también en Italia y en América.
Yo mismo he ampliado mis estudios de las plantas a los animales y a los hombres, y he tenido el placer de comprobar que médicos eminentes de laboratorios, clínicas y hospitales han aplicado mis métodos con éxito.
Entre los numerosos informes emitidos a raíz de estos ensayos, debo hacer especial mención del presentado al Congreso de Radiología de Florencia (mayo de 1928), por el sabio cancerólogo profesor Sordello Attilj, del hospital de San Spirito en Sasia, Roma.
Sólo puedo dar un extracto de este largo informe tan característico (1), que empieza por una exposición muy clara de mi teoría y de mis métodos, sobre la que no insistiré. La segunda parte está dedicada a las observaciones clínicas efectuadas por el profesor Attilj en su hospital.
(1) l.n.c observaciones clínicas de este informe se han publicado in extenso en mi articulo «Sobre la teoría del cáncer basada en ia naturaleza geológica del terreno» (Revue Genérale des Sciences- 15 octubre 1928, pág. 5.333).

l sabio practicante ha hecho un gran uso de los circuitos oscilantes abiertos que he preconizado, en forma de collares, pulseras y cinturones.
Las observaciones del profesor Sordello Attilj, analizadas en el informe en cuestión, se refieren a seis sujetos, cinco atacados de cancerosis y el sexto de polisarcia. Además, los casos de cáncer eran muy diferentes : sujeto de setenta y ocho años, atacado de epi- telioma ulcerado en la base de la boca, con metástasis inframaxilares. Sujeto de veinticinco años con sarcoma reincidente de la mano izquierda. Sujeto de veintiocho años, con sarcoma reincidente del seno derecho. Sujeto de sesenta años, con epitelioma ulcerado de un órgano genital. Sujeto de cuarenta años, con trastornos dolorosos motores subsiguientes a una extirpación del seno por cáncer; pequeña metástasis sobre la cicatriz.

En seguida se observa que todos estos casos de cáncer están complicados con reincidencias o manifestaciones secundarias (metástasis), que constituyen circunstancias agravantes. 'Pues bien: a las pocas semanas de aplicación del collar, el profesor Attilj consiguió disminución de dolor, reabsorción progresiva de las úlceras y desaparición total de la induración de los tumores. En la mayor parte de los casos, el penoso hormigueo que se siente con el desarrollo de los tumores desaparece cuando se aplica el circuito oscilante. Como el tratamiento según mi método obra cuando no se puede intentar ninguna observación quirúrgica, aparece a priori primordial en los orígenes.

El sexto caso, quizá el más curioso de todos, es el de una enferma de sesenta y un años, atacada de polisarcia (obesidad). Pesa 120 kilos, sufre dolores punzantes en la región lumbar y se mueve con tal dificultad que emplea de tres a cuatro minutos para levantarse cuando está sentada. Tres días después de la aplicación del cinturón oscilante desaparecen los dolores, lo enferma recobrad apetito; tanto, que al cabo de tres meses de tratamiento se levanta con facilidad y puede dedicarse a sus ocupaciones habituales.
Permítaseme citar la conclusión de este informe preliminar, interesante a causa de la personalidad del profesor Attilj y de la autoridad de que goza en el mundo científico:
«Los casos citados, que representan solamente el comienzo de la obra que queremos desarrollar, demuestran que el uso de los circuitos oscilantes Lakhovsky es verdaderamente eficaz. Guando se piensa en la trágica fatalidad de los cancerosos, que se encaminan rápidamente hacia la muerte sufriendo dolores a veces imposibles de calmar por ningún medio y trastornos de todos los órganos, bien puede decirse que la atenuación de cualquier síntoma representa una fuente de beneficios para los pobres enfermos.»

El profesor Attilj reconoce, por tanto, la eficacia de la aplicación de los circuitos oscilantes abiertos parael restablecimiento del equilibrio vibratorio celular, no solamente en los cancerosos, sino en los enfermos de la circulación y de la nutrición en general.

Desde hace algunos años he podido realizar observaciones análogas y recoger los informes de un gran número de médicos que, sin prejuicio alguno y obedeciendo sólo a su interés por el progreso de la ciencia, han aplicado mis métodos y me han comunicado el resultado de sus experiencias.
En términos generales, he aquí las observaciones más frecuentes de estos médicos:
El insomnio, bien sea debido a la fatiga o a resultas de una enfermedad, se combate eficazmente.
El dolor de las diversas afecciones se atenúa, por regla general, y a veces se suprime, aun en los casos de cáncer.

Se observa una sensación de calor originada por la activación de la circulación. El examen de la sangre demuestra el aumento de glóbulos rojos. Así se lucha más eficazmente contra la anemia y el enfriamiento de las extremidades de los miembros.
Se aceleran las funciones digestiva, estomacal e intestinal. Los vegetarianos y frugívoros pueden infringir su régimen sin inconveniente y tomar carne en las comidas. I,a acidez estomacal disminuye, así como la pereza intestinal, los vértigos y dolores que a veces acompañan a la digestión.
En las personas atacadas de sordera se nota una mejora en la audición y en el sentido de la orientación.Igualmente se refuerza la actividad muscular y se combate la fiereza de los miembros.

Se observa también la vuelta del apetito, aumento de peso, una mejora de todo el estado general y un rejuvenecimiento claramente comprobado.
Un profesor suplente francés, sabio radiólogo y notable cirujano, ha hecho una observación muy curiosa mientras aplicaba mis métodos en el gran hospital de París, donde se tratan las enfermedades, incluso el cáncer. Este profesor, que es jefe de servicio, guiado por un espíritu muy científico, ha hecho numerosos y frecuentes exámenes sobre los enfermos: cada ocho días anotaba el peso, las numeraciones globular y nuclear y la tensión arterial. El estado general se registraba diariamente.

Pues bien: durante un período de ocho días, este sabio observó una detención muy marcada en la evolución de la mejora de todos los enfermos. De la genera lidad de este fenómeno dedujo inmediatamente que se trataba de una causa exterior. Al consultar el calendario, vió que aquel periodo anormal coincidía con la fase de la Luna llena.

He podido dar de este fenómeno la siguiente explicación, que confirma mis teorías. Sabemos que la Luna, como cuerpo radiante que es, tiene el poder de hacer variar considerablemente el campo de las ondas cósmicas. Y el circuito oscilante tiene por misión absorber el exceso de ondas cósmicas que provoca el desequilibrio vibratorio de las células.

Gomo la Luna modifica el campo de estas ondas, esta interferencia repercute sobre la absorción del collar, cuya acción queda disminuida. Así se comprueba que el efecto del circuito oscilante colocado sobre el enfermo está en estrecha relación con el campo de las ondas cósmicas.
En el caso en que disminuya este, efecto, se obtiene el resultado deseado utilizando muchos circuitos (collares, pulseras, cinturones).

De un modo general he podido observar que en todos los enfermos dotados de circuitos oscilantes y que viven sobre terrenos muy conductores, es decir, eminentemente carcinógenos, como Grenelle, Javel, Auteuil, Neuilly, la acción del collar es inmediata y rápida, mientras que en las personas que habitan los terrenos aisladores, como Dauphine, les Champs-Élysées, Gaillon, la Plaine Monceau, esta acción es mucho más lenta y sus efectos sólo se manifiestan al cabo de algún tiempo.

Asi, estando la acción del circuito oscilante estrechamente unida a la intensidad del campo de las ondas cósmicas, se llega al resultado paradójico de que, gracias al uso de este circuito, los malos terrenos son los que resultan mejores. Al restablecer automática y naturalmente el equilibrio oscilatorio, el collar oscilante opera por regulación de las ondas cósmicas.

En consecuencia, no es dudoso que la aplicación de los circuitos oscilantes abiertos llegue a detener la evolución del cáncer, aun en su estado inás avanzado, a suprimir el dolor y aun a tratar con eficacia esta terrible enfermedad. Más aún: se han obtenido resultados comparables en el tratamiento de otras muchas enfermedades que, al parecer, no tienen ninguna relación con el cáncer. Podemos, pues, afirmar a fortioti que el circuito oscilante, que absorbe el exceso de las ondas cósmicas, es un medio seguro de profilaxis y un preventivo muy eficaz.

Después de muchos artos de experiencias realizadas sobre millares de sujetos por los médicos que han seguido mis indicaciones, obteniendo notables resultados, tengo la convicción de que he llegado a aliviar y aun a suprimir muchos dolores.
Albergo la firme esperanza de que en lo futuro podrán evitarse y tratarse con éxito todas las enfermedades que afligen a la humanidad.

 

 

 
 
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