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Laberintos

Herejías y herejes de nuestro tiempo


 

La jerarquía de las realidades: el absoluto

por Itzhak Bentov
Texto extraído de "Espiando al péndulo loco"

10–13 minutos

Recordaréis de los capítulos anteriores que nuestra realidad está codificada en términos de movimiento y reposo. También recordaréis que cuando un oscilador está en estado de reposo, se proyecta hacia una dimensión de símil de espacio, que implica velocidades infinitas equivalentes al estado de reposo; se convierte en omnipresente. En otras palabras, ha conseguido un estado de solamente “ser” durante un período muy breve de tiempo; pero cuando el oscilador está en estado de movimiento, el asunto sigue como siempre. De esta manera hemos separado estos dos componentes de la realidad: movimiento y reposo.

Observemos ahora este estado de “ser”. Va quedando claro que podemos equiparar el estado de ser con el absoluto, dado que ambos implican no movimiento, no acción y reposo total. Sin embargo, al mismo tiempo se trata de un estado con una elevada energía potencial, porque este estado de reposo es el equivalente a un movimiento infinitamente rápido. De hecho, podemos decir que los dos conceptos opuestos de movimiento y reposo se reconcilian en el absoluto.

Podemos tomar este estado o realidad como la línea de base, una línea de referencia absoluta contra la cual todo el resto de la creación puede ser medido. Éste será, pues, un componente siempre presente en todas nuestras realidades.

Puede que recordéis nuestro comentario sobre el holograma del Capítulo 1, de que se necesitan dos componentes para formar una imagen o una “realidad”. Uno es el rayo de referencia de frecuencia; el otro es el rayo modulado fuera de fase, o “experimentado”. Sólo obtenemos una imagen cuando ambos interactúan en el mismo plano. Puesto que éste es un dispositivo muy extensamente utilizado por la Naturaleza, podemos utilizarlo también como analogía aquí.

Pero es importante recordar que los dos rayos de la luz láser proceden de una fuente común: un único rayo que se divide en dos haces separados. Es el haz de referencia el que ha conservado el comportamiento no perturbado de la fuente de luz, en tanto que el haz de trabajo se distorsiona o “modula” al contactar con los objetos que ilumina.

Podemos utilizar otra analogía como ilustración para ayudarnos a explicar la naturaleza del absoluto y los aspectos relativos de la realidad. Vamos a representar el absoluto a través de la imagen de la ilimitada profundidad del mar. Con la superficie del mar lisa y en calma, nos resulta invisible (Fig. 31). El absoluto es la referencia contra la cual comparamos todo lo demás.

Si ahora creamos olas en la superficie de este mar (Fig. 32), observamos cómo las olas nacen y rompen sobre la superficie lisa. De repente, esta ondulación hace que la superficie sea visible. Por analogía, cuando aparece movimiento o vibración en el absoluto, se hace visible o manifiesto, y lo denominamos la realidad física o relativa.

El concepto importante a retener es que el mar representa un componente que lo penetra todo, que compone todas las realidades, y a este componente podemos denominarlo el ser absoluto o conciencia pura.

En este mar podemos producir ondas o fuerte oleaje, pero las capas inferiores de agua no van a perturbarse nunca; allí prevalecerá un estado de reposo eterno. También podemos comparar el tamaño de las ondas u olas con las diferentes realidades que hemos comentado antes, y equiparar las grandes y rudas olas con el extremo inferior del espectro de realidades, como mostramos en la Fig. 33B. Corresponderá con la porción que tenga una menor cantidad de conciencia y una frecuencia de respuesta más baja, en tanto que las ondulaciones de alta frecuencia más finas se corresponderán con el nivel más elevado, por debajo del absoluto.

Vayamos ahora al nivel de materia más inferior —un cuanto de electricidad, un simple electrón— y preguntémosle a un físico de qué se compone un electrón.

“Bueno”, dirá, “es un paquete de onda que tiene cierta frecuencia de vibración; la frecuencia de vibración determina la energía del electrón”.

 

Si ahora le preguntásemos qué es lo que vibra en este electrón o cuanto, la respuesta sería: “nadie lo sabe”. Pero si utilizásemos la analogía del mar del absoluto, visualizaríamos el cuanto como un paquete de ondulaciones en la superficie de ese mar. Vibra en relación a las capas en calma del mar infinito de conciencia pura, y ahora podemos contestar la pregunta de qué es lo que vibra en este cuanto: lo que vibra aquí es una unidad de pura conciencia.

Aquí hemos de hacer una corrección a algo que anteriormente había afirmado, cuando sugerí que la materia “contiene” conciencia. Lo utilicé sólo como muleta provisional, mientras os acostumbrabais a pensar en la materia como en algo que tiene que ver con la conciencia. Pero ahora ya se ha destapado el pastel: la materia, compuesta de cuantos de energía, es el componente vibrante y cambiante de la pura conciencia.

Por tanto, podemos dividir a la creación en dos componentes: lo absoluto y lo relativo. Lo absoluto es fijo, eterno e invisible, en tanto que lo relativo es el aspecto visible, manifiesto y cambiante. Este último puede ser sutil o rudo, de corta o de larga vida, pero siempre está basado en lo absoluto.

Aceptando este principio hemos solucionado el problema de mente sobre materia. La “solución” es que entre ambas no existe ninguna diferencia básica. Hasta ahora tendíamos a asociar a la mente más rápidamente con la conciencia, porque la mente es abstracta e intangible; por otro lado, la materia es sólida, dura, caliente o fría, y aparentemente muy diferente de la mente o la conciencia.

Cuando sabemos que la realidad está compuesta de dos componentes —uno una línea de referencia inmutable o trasfondo, y el otro un aspecto dinámico y vibrante de la misma cosa— entonces sabemos que tanto mente como materia están compuestas de la misma cosa básica.

La diferencia entre ambas es que podemos contemplar a la materia sólida como compuesta de olas u ondulaciones mucho más grandes y más lentas, lo que implica que poseen menos energía de lo absoluto, y que la mente está compuesta de ondulaciones mucho más sutiles, lo que implica que posee mucha más de esa energía. Una buena analogía sería los diferentes estados en que encontramos a la materia en la Naturaleza: podemos comparar a la materia sólida con el hielo, y a la mente o conciencia con el vaho o el vapor, siendo todo ello la misma cosa básica, sólo que con una forma diferente.

Si ambas están manifestadas es únicamente porque están cambiando, y este cambio puede ser medido contra el mar de base de lo absoluto, que compone tanto las olas como el fondo. No necesitamos maravillarnos ahora sobre las hazañas de la mente sobre la materia; no es tanto mente “sobre” materia, como mente “sobre” un aspecto diferente de sí misma.

Podríamos clasificar las diferentes realidades según el tamaño de sus componentes relativos (Fig. 33). Tenemos una onda de frecuencia grande y ruda representando lo relativo (Fig. 33B), que significa que se trata de una realidad de tipo bajo; en tanto que en la Fig. 33A, el componente relativo es muy sutil, es decir, es de una frecuencia elevada, y representaría una realidad más elevada, más refinada, digamos que una realidad espiritual.

Lo mismo podríamos decir en relación a las personas. Todas estamos hechas de componentes relativos y absolutos, pero algunas personas son más “relativas” que otras. Recordemos que no importa cuán relativos seamos: seguimos estando compuestos de la sustancia de lo absoluto.

¿Cuál era la naturaleza de nuestra realidad antes de que se iniciara el movimiento, la vibración? Claramente, el estado no vibratorio es la base de lo anterior, que apareció cuando surgió el movimiento de vibración y se convirtió en nuestra realidad manifiesta física. La base no vibratoria puede ser denominada el protoespacio absoluto.

A riesgo de complicar las cosas un poco más, definiré lo absoluto como siendo un relativo infinitamente sutil; es decir, donde el tamaño de las ondas es tan insignificante y su frecuencia tan elevada que son invisibles. Cuando esto ocurre, tenemos una superficie que parece calma y lisa, pero que contiene una tremenda energía y está llena de potencial creativo.

Ésta es la verdadera definición de lo absoluto (hasta el punto en que pueda ser definido): es un potencial creativo de alta energía que además tiene inteligencia. La “inteligencia” le añade una capacidad de autoorganización a cualquier entidad de la creación.

Por tanto, las ondulaciones de lo relativo salen a una superficie que parece ser lisa, pero que en realidad está vibrando con el potencial de la energía creativa. Cuanto más pequeña es la amplitud de las ondas, más alta es la energía contenida en la superficie. A medida que las ondas se hacen tan pequeñas que las crestas y valles —que son los puntos de reposo— se van acercando unos a otros hasta solaparse, entonces se logra un estado de reposo en el que el movimiento es únicamente movimiento potencial, y la energía del sistema se convierte en infinitamente grande.

El absoluto es, por tanto, un estado en el que conceptos opuestos llegan a reconciliarse y fusionarse. El movimiento y el reposo se fusionan uno en el otro.

Entonces, la nuestra es una realidad vibratoria, desde lo subnuclear a lo atómico, a lo molecular y a los macroniveles. Todo está oscilando entre dos estados de reposo. Todo está produciendo un “sonido”.

En el próximo capítulo entraremos con más detalle en cómo se manifiesta a sí misma la conciencia en las diferentes realidades, y en cómo vemos esto desde nuestro privilegiado puesto de observación de la escala evolutiva.

 

Resumen

Hemos descrito la evolución de la materia en términos de evolución de la conciencia. La evolución se orienta a sistemas cada vez más complejos, implicando niveles de conciencia cada vez más elevados.

En cierto punto a lo largo del diagrama, la materia forma sistemas “vivos”, que conectan la cantidad y la calidad de la conciencia. Las curvas de intercambio de energía nos dan la medida de nuestra capacidad de interactuar con nuestro entorno o realidad.

Cuanto más amplia nuestra frecuencia de respuesta, mayor es el número de realidades en las que podemos funcionar.

Un esbozo de los diferentes niveles de conciencia, o realidades, incluye aquellos que están por encima y por debajo de la realidad humana.

La jerarquía de realidades tiene en su cima el absoluto. El absoluto es la base de todas las realidades. En su forma no manifestada, es una energía potencial inteligente. Cuando se ondula o modula, se convierte en la base de nuestra materia física tangible y de los objetos individuales.

 

 

 

 

 
 
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